La corrección de estilo de un texto. Mitos y leyendas

La corrección de estilo de un texto. Mitos y leyendas

En un artículo anterior, La corrección ortotipográfica de un texto, decía que este tipo de revisión es fundamental en todo escrito que vaya a ser publicado. Sin embargo, la corrección de estilo no es imprescindible, pero sí muy recomendable.

El primer mito que existe al respecto es que un corrector cambia el estilo del autor. Para nada en absoluto, un corrector de estilo ni cambia ni modifica el estilo propio del escritor, lo mejora y lo perfecciona.

El segundo mito, que está muy extendido, es que un corrector de estilo reescribe el texto. Tampoco es cierto. Es habitual la queja entre los profesionales de la corrección de que los autores mandan el manuscrito tal cual, recién sacados del horno, sin ni tan siquiera haberle dedicado un par de horas a la corrección. En estos casos se presupone que el corrector de estilo va a reescribir el texto para que sea apto para su publicación y, por ende, que su lectura resulte amena. Un corrector de estilo no reescribe un texto.

El tercer mito es que el corrector de estilo reestructura el contenido del texto. Tampoco es cierto. Una revisión no es reescritura ni reestructuración del material.

Una cosa es estructurar, otra cosa es escribir y otra muy distinta es corregir el estilo de un texto.

Ahora vayamos a las matizaciones.

El autor del texto es el responsable de la escritura del mismo y de la forma en que lo presenta a los lectores. No obstante, el corrector advierte en los primeros párrafos o páginas cuándo un texto ha sido trabajado con anterioridad y cuándo es fruto de las prisas y no de un trabajo concienzudo.

Escribir no es solamente poner unas palabras tras otras en el espacio o en el tiempo, sino pensar, darle forma, corregir matizar y revisar lo escrito. Es decir, un corrector no lleva a cabo la labor de escritura que le corresponde al escritor.

La corrección de estilo de un texto tiene en cuenta los siguientes factores:

 

  • Minimiza y elimina el error ortográfico, gramatical, sintáctico y léxico-semántico.

 

  • Verifica que la forma coincide con el fondo: si se trata de un cuento infantil no debe haber ciertas expresiones o giros sintácticos incomprensibles para la edad del lector ideal. Si se trata de un texto académico deberá estar escrito en un registro culto y especializado, evitando las ambigüedades y las imprecisiones. Si se trata de un texto literario se deberá observar que el tono sea el apropiado con el mensaje que se desea transmitir.

 

  • Certifica que el mensaje resulta comprensible para el lector al que va dirigido en todo momento: país, edad, nivel cultural, sexo…

 

  • Comprueba que el ritmo de lectura sea el óptimo y el requerido por el propósito comunicativo: se trata de darle la fluidez necesaria para evitar el aburrimiento o la saturación.

 

  • Asegura la riqueza y la precisión léxicas mediante la eliminación de muletillas, vicios léxicos y semánticos.

 

  • Evita las repeticiones innecesarias como los pleonasmos.

 

  • Mantiene una progresión adecuada.

 

  • Comprueba la existencia de saltos incomprensibles en la estructura, es decir, lo que en cine se llama fallos de raccord. Estos errores de continuidad se dan, por ejemplo, si en una escena se dice que dos personas están en la cocina y una de ellas tiene un cuchillo en la mano, pero en la siguiente el cuchillo ha desaparecido por arte de magia y tiene en su lugar un abridor. Lo mismo se puede decir del color de una camiseta o de la disposición de un cuadro.

 

  • Hace desaparecer la rima interna que no produce ritmo, sino que lo ralentiza.

Todo esto solo lo puede verificar una mirada externa al texto, que no ha perdido aún la capacidad de sorprenderse ante lo que le cuentan, lo que comprende, lo que induce y lo que no entiende.

Es decir, un corrector de estilo jamás reescribirá una obra ni hará desaparecer el estilo ni el tono del autor, sino que lo mejora y lo perfecciona.

La corrección de estilo buscará siempre la palabra adecuada atendiendo a la finalidad, al propósito, a la dirección y al sentido del texto con el objetivo de asegurar la coherencia y la cohesión global del mismo en un contexto determinado.

¿Qué otros factores crees que habría que tener en cuenta en la corrección de estilo?

 

¿Crees que es importante someter un texto a una corrección de estilo?

 

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Gestionando el caos a la hora de preparar un discurso

Gestionando el caos a la hora de preparar un discurso

Lo predecible y lo imprevisto

El caos, palabra de origen griego para variar, tiene una mala fama inmerecida. Todo el mundo ha oído la metáfora de que el vuelo de una mariposa en un lugar del mundo puede ocasionar un tsunami en su antípoda, lo cual ha producido cierto malentendido con la pobre mariposa a quien ya no se la ve como ese insecto volátil, cromático y alegre que anuncia la primavera, sino más bien como un presagio negro de alguna catástrofe. Pues no. No hay que exagerar. La mariposa seguirá siendo un animalillo bellísimo, dicharachero y polinizador, que dará origen a muchas plantas que producirán flores que ofrecerán sus cálices y sus pistilos a otras mariposas para que la creación prosiga su irremisible curso hasta el fin de los tiempos que no tienen fin. Y si de vez en cuando se produce una tempestad, es porque el mundo gira, la mariposa vuela, el orden tiene sus reglas y el caos sus imprevistos y encima se llevan bien porque, en contra de lo que pueda parecer, todo forma parte del Todo.

Los griegos lo tenían muy claro. No solamente ponían en pie de igualdad Eros, pulsión de vida, y Tánatos, pulsión de muerte, sino también Orden y Caos como elementos imprescindibles y complementarios de la Armonía. Sabían perfectamente que el caos no es sólo cosa de físicos-matemáticos con sus alambicadas teorías acerca de las catástrofes, las incertidumbres, las incompletitudes, los relativismos y las realidades cuánticas, sino que nos pertenece a todos, empezando por los artistas, siguiendo con los actores y acabando en los discursos y toda la gente en general con nuestras vidas monótonas y cotidianas hasta que surge lo imprevisto. Caos es lo imprevisto, lo impredecible, la sorpresa que acecha al doblar la esquina. La vida.

Por eso como director, cada que vez que voy a un ensayo pertrechado con mis esquemas y seguridades, mis planos de movimientos, mis ideas sobre los conflictos y las actitudes, debo reservar una parte importante de mi alma a los benditos imprevistos.

Houston, el gran director de cine americano, decía que muchas veces, al plantear una situación determinada a los actores, estos solían casi siempre mejorar sus planes.

Es muy importante no encerrarse en los esquemas previos. Hay que estar abiertos a la sorpresa, a las equivocaciones. Son un material magnífico. Puedo asegurar que el ochenta por ciento del montaje de Calígula se lo debo a los imprevistos. Un actor que, en vez de colocarse en el sitio prefijado, se equivoca y, al equivocarse, acierta. Esa actriz que, en un momento determinado de su parlamento, carraspea o tose y esa acción espontánea se convierte en un registro más para el personaje.

De la idea inicial de un Calígula que sale por primera vez a escena empapado por la lluvia, después de vagar tres días desconsolado por la muerte de su hermana y amante Drusila,  a la escena donde habla con Helicón de que su gran misión es coger la Luna, esta empezó a desarrollarse de un modo tan imprevisto y sorprendente que ha vehiculado todo el montaje. O la vez aquella en que una actriz apareció con un foulard rojo y originó toda la estética del montaje cargándose dicho color de multitud de significaciones.

Un director debe llevar consigo una buena antena parabólica para captar los detalles imprevistos, las equivocaciones preñadas de sentido.

Lo mismo ocurre a la hora de preparar un discurso. Uno debe preparar el discurso para dejar que el propio discurso tome las riendas. No es bueno ir con unos esquemas demasiado rígidos porque entonces no podremos abrir las puertas al azar, al caos.

Es más, a veces, es mejor no tener nada preparado de antemano, jugar con la indefinición y la incertidumbre, dejarse inundar por el caos, que este se adueñe de todo, a condición de seguir andando y controlar la impaciencia.

Lo peor de la página en blanco, no es la página en sí, sino la impaciencia por escribir algo. Ayudar a controlar la impaciencia del actor por sacar el personaje o del orador por tener cuanto antes un discurso, es labor del director y del coach.

Porque, normalmente, cuando el actor está nervioso e impaciente por tener a su personaje, suele cargarse de sentido, de significado. A todo le quiere buscar una explicación. Muchas veces el director debe rehusar las explicaciones, que sólo hacen entorpecer  al actor y enterrarlo bajo la pesada losa de la sicología. Yo no soy muy dado a dar explicaciones sobre los personajes o las minimizo cuanto puedo. Tampoco me gusta fijar un esquema de antemano en un discurso. Es mucho mejor dejarse llevar por ideas inconexas al principio, acogerlas con benevolencia y dar un tiempo a que ellas mismas, de un modo imprevisto, se vayan relacionando y estableciendo sus jerarquías y prevalencias. Llegará un momento en que todo se ordene de forma, podríamos decir, milagrosa. No hay ningún milagro. Es el caos que por abajo nos ha estado trabajando sin nosotros saberlo y que en un momento dado, sin prisas pero sin pausas, ha salido a la superficie y se ha puesto, por fin, una cara en la que reconocernos.

¿Cómo gestionas el caos?

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Conoce un poco más a Gala González

Conoce un poco más a Gala González

Fotografía de Clara Mateo 

Conócenos, Palabras a medida.

Estimado lector, estimadísima lectora:

Aquí tienes una parte importante del alma de mi querida hija Gala, en quien tengo puestas todas mis complacencias, que es lo mínimo que debe poner un padre; el deseo de que a los hijos les vaya bien en la vida. Porque la vida de ahora no es nada fácil para nadie y mucho menos para la gente joven.

Por eso que alguien como mi hija, tan contumaz y organizada, decidiera, hace un año ya, emprender una aventura como Palabras a medida, es un orgullo. Poder asistir como fiel escudero a que la Dama Doña Gala de Málaga cabalgue sobre grafías y tildes, párrafos y correcciones, discursos y otras yerbas, sin que dé con su lindo cuerpo en las palas de un molino de viento o sufra alguna malandanza, es labor que a mí compete. Claro, que esto que digo muy pocas probabilidades de que suceda tiene, porque, entre las muchas virtudes que le adornan, una de ellas es tener los pies bien fijados a tierra, que más de una vez fue ella la que me sacó a mí de apuros, como aquella ocasión en que, con sus ocho años, me hizo ver que entregué un billete de 2 000 pesetas a la cajera de un supermercado sin que yo me percatara de que no me había entregado el abundante cambio y, en habiendo dado yo doscientos pasos rumiando la pérdida, ella me hizo ver que no había tal, sino que la cajera no me había dado la vuelta. Entonces fuimos, se lo hicimos ver y efectivamente la cajera estuvo de acuerdo con nuestra demanda y devolvióme casi intactas las dos mil pesetas.

Con esto creo yo que está dicho todo.

Te invito a conocer un poco más a Gala González, artífice de Palabras a medida.

1.- Hablando de los platos de tu introducción, ¿cómo se te ocurrió montar una empresa cuya materia prima es la palabra?

La idea surgió a partir de un cúmulo de circunstancias que confluyeron en el momento apropiado. Venía de aprobar unas oposiciones, de quedarme a escasos números de la ansiada llamada, de unos brutales recortes en educación a consecuencia de la crisis económica, de enlazar diferentes trabajos con contratos temporales, de una situación de inseguridad en todos los aspectos, de preguntarme quién era y qué quería hacer con mi vida. ¿Dejaría que las circunstancias marcaran mi camino o cogería yo las riendas? Ya había iniciado meses atrás un proceso de análisis personal, que derivó en lo profesional a raíz de recibir un regalo inesperado, el curso de El Ideatorio.

En este curso descubrí que solo había una cosa constante en mi vida: la palabra. Me abrió los ojos a la idea de que, si no había trabajo para mí, entonces sería yo la que lo crearía a mi imagen y semejanza. Cuando compartí la idea contigo, con un cierto temor a que pensaras que estaba completamente loca, conté con tu incondicional apoyo, empuje y participación. Fuimos tirando del hilo y le dimos forma al proyecto, que ahora es una realidad.

Relacionando todo esto con los platos de la introducción de tu entrevista la semana pasada, en este análisis hubo una frase que cambió en cierta manera mi perspectiva: “Deja de preocuparte y, simplemente, ocúpate” y proseguía con el siguiente ejemplo “cuando friegues los platos haz solo esto, fregar; concentra tu atención exclusivamente en la actividad que estás realizando sin preocuparte por lo hecho con anterioridad o lo que le seguirá, disfruta de la manera en que fluye el agua y cómo va saliendo el brillo”.

Aún no he logrado ocuparme simplemente. De vez en cuando en medio del fluir acuático se me ocurren las ideas. ¿Quizá sea porque soy malagueña y nos llaman boquerones, por mi naturaleza pisciana o por la confluencia de ambas?

2.- De internet yo tengo poca idea, me consta que estuviste un montón de tiempo esforzándote en comprender las herramientas y los mecanismos, ¿Es internet una jungla? ¿Qué consejos le darías a alguien que quiera montar una empresa virtual?

Entre que tuve la idea y hasta que la llevé a cabo, pasó un periodo de un año más o menos. Durante ese tiempo, investigué y me formé, pero lo más importante es que dejé que la idea reposara y trabajara ella sola de forma latente, como dormida. En el momento en que pasé a la acción tenía toda la estructura de lo que iba a ser Palabras a medida, lo cual facilitó muchísimo los siguientes pasos, que eran más técnicos. En esta fase aprendí Photoshop, algo de fotografía, lo indispensable de diseño gráfico… pero la estructura ya estaba ahí, solo quedaba dar forma y pulir.

La vida en sí es una jungla, ya lo dice una de mis canciones favoritas, Welcome to the jungle de Guns & Roses. Si se considera internet como una extensión de la vida real, pues es la misma jungla, pero un poco intensificada por la inmediatez, la sobrecarga de información y el anonimato.

En realidad más que un consejo me gustaría dejar constancia de la lección más importante que he extraído de este año. Internet es una ventana abierta al mundo, cuyo alcance puede llegar a ser brutal tanto en lo positivo como en lo negativo, pero jamás puede suplantar la vida real porque mirar el mundo a través de una pantalla digital va a proporcionar siempre una visión más reducida y empobrecida. Hay que tener cuidado con la hiperconectividad, porque tanta información simultánea se convierte en ruido y en sobrecarga del canal. También es importante no intentar reflejarse en los otros y volver la imagen a lo que uno realmente quiere hacer y siente que debe hacer.

3.- ¿Crees que una empresa como la nuestra tiene futuro?

¡Absolutamente! La prueba de ello es que el día que te comenté la idea no pensaste que estaba loca de remate ja ja ja.

Voy a poner un ejemplo. Actualmente a golpe de clic podemos acceder a todo tipo de informaciones, pero los datos en bruto no dicen nada. Entonces, resulta fundamental crear y comunicar de forma efectiva ese mensaje, adecuando la intención y el propósito al tema. El interés por el lenguaje radica en el deseo de dominarlo para lograr un conocimiento que permita rechazar la manipulación y en presentarlo como “diálogo” o “conversación”.

4.- Estudiaste periodismo y ahora preparas oposiciones a profesora de secundaria en Lengua y Literatura. Que yo sepa, no has ejercido como periodista. ¿A qué se debe?

El primer año de carrera ya estaba un poco desilusionada. Esta sensación creció cuando realicé las prácticas de periodismo porque, si soy sincera, me sentía como una marioneta a expensas de las declaraciones. Cuando iba a las ruedas de prensa, lo importante era grabar las palabras y transcribirlas. Me sentía una grabadora que ni tan siquiera podía hacer preguntas. El periodismo de declaraciones ha llegado a la situación esperpéntica del conocidísimo plasma.

Junto a las declaraciones todo se reducía a los números: 1 000 muertos en tal, 360 desaparecidos en cual, 9 678 heridos en tal pascual. Someter las desgracias humanas a un número era provocar una cierta inmunidad mediática en los receptores. Ahora, por ejemplo, con la situación que están viviendo los exiliados sirios, el foco no se está poniendo tanto en los números como en las circunstancias, causas y consecuencias de los hechos y la prensa está reaccionando en cierta medida frente a las decisiones europeas. Están denunciando una situación, que es uno de sus cometidos. Por algo es el cuarto poder, aunque ciertamente son empresas que buscan beneficios.

Si a esto se le suma que en mi época era normal encadenar contratos en práctica uno detrás de otro (se cobraba al mes unos 360 euros), el salir de tu casa a las diez de la mañana y no saber cuándo ibas a volver (quizás al cierre de rotativas a las once o a las doce de la noche), el tener que cubrir el primer nacimiento del año y un largo etcétera, pues decidí que quería trabajar para vivir y no vivir para trabajar.

5.- Llevas bastante tiempo trabajando como profesora particular. ¿Cuáles crees que son las virtudes y los defectos de nuestro sistema educativo? ¿La lengua española tiene la importancia que merece?

Uy, esta pregunta es complicada. Además en este asunto no soy objetiva. Probablemente, uno de los defectos más notables sean las continuas leyes educativas y la falta de un pacto en educación. Otro defecto quizá sea que el trabajo y el esfuerzo no son incompatibles con la creatividad y la motivación. Los alumnos deben aprender a memorizar, por ejemplo, porque es bueno, pero también deben expresarse y comprender lo que leen y divertirse aprendiendo. Entre las virtudes, quizá dijera que se están empezando a crear dinámicas muy interesantes, en las que el alumno se convierte en el motor y centro de su aprendizaje, asumiendo el profesor un rol de guía, de apoyo, de motivación.

En cuanto a la lengua española sí tiene la importancia que merece en cuanto a carga lectiva, pero quizá su enseñanza se está planteando de forma errónea. Los alumnos muchas veces ven esta asignatura aburrida y no entienden para qué les sirve las sintaxis. En el fondo, se trata de que comprendan el porqué de las cosas.

6.- A Dalí una vez le preguntaron si pintar era fácil o difícil y Dalí contestó que pintar era fácil o imposible. ¿Aplicarías esta afirmación a la escritura?

Puede ser. Claro que sí. Hay días en que las palabras fluyen con tal facilidad que se puede convertir la tarea en una maravilla en verso, pero hay otros momentos en que no hay manera. Todo se logra con trabajo, perseverancia y tesón. Si un día no salen las palabras adecuadas, pues lo mejor es cerrar el ordenador o la libreta e irse a dar un paseo. No preocuparse, sino ocuparse.

7.- ¿Cómo surgió en ti la necesidad de escribir?

Fue una profesora del instituto cuando cursaba tercero de ESO. Estaba en esa época en la que los padres decís que los adolescentes tienen el pavo subido y yo lo tenía elevado al cuadrado. De repente no me gustaba estudiar, las asignaturas me daban grima y no sabía si era buena o mala estudiante.

En fin, llegó esta profesora interina a la clase con muchas ganas y motivación. Nos tendió algunas trampas. Empezó sugiriéndonos que lleváramos algunos poemas que nos gustaran para leerlos en clase en voz alta. Yo llevé el de La vieja biblioteca pública de Los Ángeles de Bukowski. Después, nos hizo cambiar el final del cuento de La Cenicienta, inventarnos relatos con los números y con el abecedario y escribir una historia de misterio siguiendo un tablero con unos dados. Si entregábamos redacciones extras, pues mejorábamos las notas finales. Empecé a escribir para subir nota. Finalmente, propuso como proyecto final de curso entregar una novela y de forma semanal íbamos entregando los borradores.

A partir de ahí no pude parar de escribir.

8.- Clases particulares, Palabras a medida, oposiciones… ¿Qué haces para llevarlo todo para adelante?

Dedicarle a cada cosa su momento. Cuando estoy estudiando simplemente aprendo. Cuando estoy dando clases, solo estoy con los alumnos y cuando gestiono o escribo para Palabras a medida me dedico en exclusiva a esta actividad. Intento no preocuparme en exceso y eliminar todo lo que pueda interferir en la concentración. Por ejemplo, el móvil siempre está en silencio y sin vibración. Así, si estoy estudiando al no escuchar ni ver las notificaciones no me percato y ojos que no ven, corazón que no siente.

9.- Me consta que eres una gran lectora, ¿qué libros y autores recomendarías para los adolescentes que se quieran iniciar en la lectura?

Si se trata de iniciarse en esta actividad y de promover el gusto lector, optaría por libros bien escritos y de cierta calidad literaria, cuya lectura les resultara amena. No hay mejor modo de lograr la estampida lectora que obligándoles a leer El Quijote, a Pérez-Galdós o a Leopoldo Alas Clarín. Cuando estaba en el instituto disfruté muchísimo leyendo a Isabel Allende, Como agua para chocolate de Laura Esquivel, Mario Benedetti o García Márquez. Aunque también incluiría algunas obras actuales que tanto les gustan como lecturas optativas: Harry Potter, la saga Crepúsculo o algún cómic o manga. Se trataría de llegar a un acuerdo con ellos: una obra la elijo yo y otra ellos. Así también se sienten partícipes.

10.- ¿Cuáles son tus autores preferidos?

La lista puede ser interminable. Me encanta la llamada Generación maldita  (John Dos Passos, William Faulkner, Ernest Hemingway y John Steinbeck), Bukowski que pertenece a la generación beat, el realismo mágico y la narrativa hispanoamericana (Cortázar, García Márquez y Alejo Carpentier), la novelística rusa realista (Tolstoi), algunos clásicos como Shakespeare u Oscar Wilde, los grandes poetas del Siglo de Oro (Garcilaso, Lope, Quevedo y Góngora)… Siento adoración por el Poema de Mio Cid y por el esperpento de Valle Inclán.

Me quedo corta, pero prefiero no abrumar demasiado con tantos autores.

11.- Y además de la lectura, ¿qué otras aficiones tienes?

Tejer a mi ritmo. Esto quiere decir que puedo estar dos años para terminar un poncho, pero cuando lo estrene, me sentiré muy orgullosa de poderlo lucir.

Hacer deporte. Nunca he sido demasiado deportista, pero desde que hago ejercicio me siento más sana y con el cerebro más oxigenado. Necesito coger aire después de tantos libros, letras, apuntes y pantallas. Ya lo decían los romanos: Mens sana in corpore sano.

Una de mis mayores aficiones es el mar, mirar al horizonte y escuchar el ruido de las olas. Es algo que me calma y que me hace cuestionar la existencia.

No solo leo literatura, quiero comprender el mundo, la sociedad, la mente humana o el poder de los medios. Disfruto con la psicología, el psicoanálisis, la filosofía y, en definitiva, con el pensamiento.

12.- ¿Cómo te imaginas Palabras a medida dentro de un par de años?

Viento en popa. Navegando con rumbo seguro, pero no prefijado de antemano, porque quiero que la vida real y virtual me siga sorprendiendo y abriendo caminos inesperados.

¿Qué te ha parecido la entrevista?

 

¿Te gustaría compartir con nosotros alguna impresión?

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Conoce un poco más a Alberto González

Conoce un poco más a Alberto González

Conócenos, Palabras a medida.

Palabras a medida cumple en estas semanas un año de vida en el mundillo virtual. Ha sido un año de muchísimo aprendizaje y de algunos errores, pues todo hay que decirlo. ¡Qué sería de esta vida sin el error para aprender! Pero lo más importante de todo es que hemos crecido como página, como empresa y como familia. Ya no es solo un proyecto onírico o utópico entre un padre y una hija, sino que es una realidad. El primer peldaño de la larga escalera ya está dado. Ahora solo hay que recorrer el camino iniciado, pues el camino se hace al andar.

Un día, mientras me dedicaba a esa labor tan cotidiana y mundana, pero al tiempo tan necesaria, de fregar los platos, se me ocurrió la idea de hacer esta entrevista. ¡No sabía en qué me estaba metiendo! Ha sido la más difícil de mi vida, pues no todos los días tengo la oportunidad de  entrevistar a mi padre. Tenía que equilibrar dos mundos: la familia y la profesión; para reflejar su forma de ser. Tras ese metro ochenta, ese rostro serio, esa voz grave y esa inteligencia perspicaz se esconde un hombre cariñoso, divertido e irónico. Le caracteriza el estilo directo, el doble sentido y la tremenda curiosidad por la palabra y por el pensamiento.

Te invito a conocer un poco más a Alberto González, artífice de Palabras a medida.

1.- Papá, eres actor, profesor, director, escritor y un autodidacta de diversas materias como las lenguas extranjeras, la historia o la filosofía. ¿Ves algún punto de unión entre los oficios y las aficiones?

No estoy muy seguro de distinguir oficio de afición. No soy tantas cosas. Simplemente tengo curiosidad. Los griegos decían que, mientras se tuviera curiosidad, uno permanecía joven. Posiblemente lo que más pueda en mí es eso de conservarme joven. Es una broma. Es la palabra lo que me ha construido a lo largo de mi vida. En mi caso todo gira alrededor de la palabra. Me encantan las etimologías, por ejemplo. Saber el origen de una palabra y seguir su evolución.

2.- Porque te conozco sé que desde pequeño se te despertó esa vena artística de la actuación, ¿cómo te diste cuenta? ¿Alguna anécdota curiosa que nos puedas contar?

La imaginación es un don. Yo no fui consciente de que tenía imaginación hasta muy tarde. Lo de actuar me viene desde un cumpleaños en que me puse a recitar un supuesto poema que sólo tenía una sola palabra: persianas y lo recité con todos los tonos posibles. Después en el instituto interpreté una obra de Moliére, Las preciosas ridículas, dirigida por la profesora de francés, de la que estábamos enamorados todos. Fue la primera profesora que nos llegó en minifalda a una ciudad de provincias en pleno franquismo. Eso marca para siempre. Ahora prefiero dirigir. Me encanta trabajar con actores porque los veo desde dentro. Además puedo dar rienda suelta a la imaginación que es única. Lo mismo sirve para escribir que para montar una obra. Es más, estoy descubriendo en Calígula que mi método para escribir y para dirigir es el mismo.

3.-  Al final entre una cosa y otra, terminaste estudiando un tipo de filología hispano-francesa-clásica y sacándote unas oposiciones de Lengua castellana. ¿Qué recuerdos tienes de tus años en el instituto como profesor? ¿Hay alguna relación entre el teatro y el aula? ¿El público y los alumnos?

La relación es evidente. Desde el momento en que hay un público, hay espectáculo. Por eso, cuando se está delante de un público, es básico no aburrir. Es indiferente de lo que se hable. La seducción debe funcionar. El mejor profesor será siempre aquel que sepa atraerse a los alumnos.

4.- Como bien sabes, pude asistir en calidad de oyente a algunas de tus clases y siempre me parecieron divertidísimas y por otra parte un tanto extrañas, pues les hacía leer a Pessoa en clase o te marchabas del aula cuando estaban haciendo un examen. ¿Por qué? ¿Qué perseguías?

El humor siempre me ha parecido uno de los mecanismos más efectivos en la seducción. Yo no soy gracioso pero creo tener algo de humor, una cierta ironía de la que no puedo prescindir. Gran parte de lo que escribo es irónico. Lo importante, cuando uno es profesor, es ser lo que uno es.

No adoptar ningún papel. La gente es muy fina para detectar lo falso. Mi objetivo como profesor no era tanto enseñar historia de la literatura, que siempre me pareció un coñazo, como estimular al alumno a que leyera. Así que utilicé un método muy sencillo. Cada año hacía un pacto con los alumnos. Leíamos obras enteras que a mí realmente me gustaran. A ti te tocó Pessoa. A otros les tocó, por ejemplo, Memorias de Adriano y siempre Borges y Cortázar. Me daba igual si eran escritores españoles o no. Conseguir de una clase de cuarenta, cuatro o cinco lectores para siempre era para darse con un canto entre los dientes.

 En cuanto a irme a tomar un café cuando ponía un examen, tenía mis motivos. Hacer un comentario libre sobre un soneto de Quevedo, sin ninguna pregunta que contestar, era enfrentar al alumno a solas con el texto, sin ayuda de nada. Eso que se llama “opinión personal”. Sabían los alumnos que, si se copiaban, la cosa iba a cantar mucho. Así que lo que hacía era irme para que intercambiaran pareceres porque, al fin y al cabo, lo que se mide es la expresión. Y si encima conseguía que no cometieran faltas de ortografía, miel sobre hojuelas. Una vez entré de improviso en pleno examen y  vi a una alumna indicándoles a un par de compañeros las tildes. En general, los exámenes venían muy limpios y sin faltas de ortografía gracias a los cuatro o cinco empollones de la clase. Misión cumplida.

5.- ¿Cuándo empezaste a ayudar a los demás a hablar en público? ¿Cómo surgió la idea?

Surgió de una manera muy natural. Hace unos años me llegó, a través del amigo de un amigo, un individuo que estaba buscando desesperadamente a alguien porque debía pronunciar un discurso muy importante para él y, debido a su timidez y a que nunca había hablado en público, necesitaba que lo ayudaran. El amigo de mi amigo vio una película donde yo aparecía… y ahí empezó todo.

6.- Todas estas preguntas no son aleatorias porque quiero ir al punto concreto en el que rompes las normas para crear. Has hablado de ello en varias ocasiones en el blog y creo que es una “metodología” que sigues en todas las facetas: la creación, la enseñanza, la actuación, la dirección, el coaching… ¿Hasta qué punto es importante romper las normas o la metodología taxonómica en la creación?

Vamos a ver, es muy bueno conocer las normas para después, si uno lo cree necesario, romperlas. Pero no hay por qué romperlas siempre y no todas. Es como bailar. Uno aprende los pasos y después se olvida de ellos. Bailar es mucho más que marcar los pasos. Es muy bueno aprender la técnica porque ahorra tiempo y energía. Crear es algo muy personal e intransferible que no se puede enseñar. Un actor debe aprender a manejar su cuerpo y su voz. Son técnicas. Para eso están los profesores. Actuar es algo muy distinto. Nadie te va a enseñar a actuar. Ahora eso sí, es muy recomendable fijarse en cómo lo hacen los grandes. En el coaching es fundamental adaptarse al cliente. Realzar sus habilidades y ocultar sus defectos. Esto es como un traje a medida. El sastre corta el traje según la complexión del cliente. Un buen entrenador de fútbol es aquel que, conociendo al jugador, lo pone en el sitio donde jugará mejor.

7.- ¿Cuándo empezaste a escribir? ¿Qué te movió a ello?

A los trece años, creo, sufrí un bloqueo en la escritura. He tardado cuarenta años en superarlo. Ahora sé que tengo condiciones para escribir. Ha sido un descubrimiento muy hermoso, aunque tardío.  Espero, como decía Whitman, no cesar hasta la muerte.

8.- Tienes publicado un libro El escritor sin historias, pero tienes unos cuantos más esperando a ver la luz, ¿cómo haces para escribir? ¿Te quedas en blanco? ¿Constancia y perseverancia o  inspiración?

Una vez me contaron una anécdota sobre un actor muy famoso, un maestro en Argentina. Parece que un discípulo, deslumbrado por su actuación, le preguntó: “¿Maestro, cómo lo hace?” Y el maestro le respondió: “Es muy sencillo. Me pongo la boina y entro”.

Para escribir es lo mismo. Uno se pone a caminar o va conduciendo el coche, surge la idea… ahí empieza todo. Es como ir a pescar. Uno prepara los aparejos, lanza la caña y espera a que el pez pique. Lo digo yo que sólo pesqué una vez. Tiré una caña sin darle ninguna importancia y pesqué el único pez de mi vida. He publicado una novela y tengo alguna cosa más en el cajón. En general, puedo decir que no soy de los que sufren escribiendo. Me lo paso bastante bien. Unas veces pesco y otra no. Unas veces me molesta cualquier ruido y otras veces lo mismo me da que esté el jardinero segando el césped. Yo estoy metido en lo mío y me importa un carajo todo.

Lo cierto es que la creación es obsesiva. Un trabajo mental. Uno puede escribir cuando anda o en sueños o mientras va en un tren. Una cosa es escribir y otra transcribir. Dentro de una cierta anarquía, soy bastante contumaz. Me puedo tirar un par de días con un párrafo que me guste especialmente. Me encanta corregir.

9.- Aprendiste inglés a los 50 años y alemán a los 60 de forma autodidacta. ¿Qué te reportan las lenguas? ¿Por qué inglés y alemán?

Son parte de lo mismo: las diferentes caras de la palabra. Del alemán, a veces me voy al inglés y otras al griego, por ejemplo. Hay muchas palabras de origen griego en el alemán. Es un juego muy divertido. En inglés, hay muchas palabras de origen latino también. Me encanta desenmascarar palabras como wall que viene de vallum o turn que viene de tornare. Es como si le dijera a una palabra extranjera: “A mí no me engañas, no eres tan alemana o inglesa como te crees por mucho que la pronunciación lo disimule. Mira cuál es tu madre, descastada.” Y así se me pasan las horas, siempre con mis dos diccionarios de latín y griego al lado.

10.- Hace ya un año que empezamos con la aventura de Palabras a medida, ¿algún balance? ¿Qué te ha parecido este año?

El balance es muy positivo. Una aventura que no ha hecho más que empezar. Hemos tenido varios trabajos y nos hemos demostrado a nosotros mismos que podemos trabajar juntos, lo cual es muy importante. Hacemos un buen equipo. Imaginación no nos falta.  Tú pones el empuje y el riesgo y yo voy de escudero con la experiencia.

11.- ¿Qué lecturas te acompañan ahora?

Me da vergüenza decirlo pero ahora estoy con Kant y Hegel. Mejor dicho estoy leyendo cosas sobre Kant y Hegel. Todavía no me atrevo… Me fascina el edifico que le construyen a la Razón. Me da igual si tienen razón o no. Lo importante es ver el despliegue de inteligencia y lucidez, cómo uno empieza donde el otro acaba. Es prodigioso. He descubierto que leer filosofía es el mejor remedio para olvidarme de la obsesión de Calígula. Se mete uno en un mundo abstracto, en una inmensa burbuja de jabón. Yo, que odiaba la metafísica, me estoy convirtiendo en un adicto. Por la noche veo vídeos de gente muy inteligente y muy preparada hablando de Kant, Hegel, Descartes… es otro mundo.

12.- ¿En qué ocupas tu tiempo libre? Cuéntanos algunas de tus aficiones.

En eso soy un privilegiado. Para mí no hay tiempo libre porque no hay diferencia entre trabajo y afición. Excepto cuando me voy a jugar al pimpón a que la gente joven me de unas palizas monumentales. Vengo baldado, pero duermo muy contento.

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