Los juegos del lenguaje para atraer al lector

Los juegos del lenguaje para atraer al lector

Este artículo tiene toda la pinta de acabar siendo como una bomba reconcentrada de distintas informaciones, aunque espero que no explote en ningún momento. Tocaremos un poco de filosofía, de semántica y de pragmática para abordar los juegos del lenguaje.

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La importancia de acentuar bien las palabras

La importancia de acentuar bien las palabras

¿Para qué sirven las tildes?, me han preguntado alguna que otra vez los alumnos. Siempre, les respondo lo mismo: “Para nada, chiquillo, es una invención de estos gramáticos de la Lengua española que les encanta complicarnos la vida a las personas de a pie”.

-¿En serio, profe?, manifiestan asombrados.

-Por supuesto que sí. ¿A qué es lo mismo decir “te gusto” a “te gustó”?

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Cómo recuperar el estilo personal de escritura, sin prisas ni agobios

Cómo recuperar el estilo personal de escritura, sin prisas ni agobios

O sobre cómo descontaminarse de influencias tóxicas

 

Lo primero que tengo que advertir tanto al lector habitual como al ocasional del blog es que este artículo no está sacado de ningún manual. No constituye ninguna verdad científica. No es una Biblia ni una guía con los siete pasos mágicos para recuperar el estilo personal de escritura y descontaminarlo de influencias tóxicas, sino que está basado en mi experiencia con lo acontecido durante la preparación de las oposiciones. ¿Se puede extrapolar a otras circunstancias? Por supuesto, cualquier situación de estrés laboral o emocional continuado en el tiempo trae consigo una merma de la creatividad, por lo que es lógico suponer que la escritura y el estilo se verán afectados. Todo dependerá de la intensidad y de la duración en la actividad desempeñada. Así mismo, la recuperación podrá avenir de forma más o menos rápida en función de los factores anteriormente mencionados.

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Un ejemplo práctico de la corrección de estilo

Un ejemplo práctico de la corrección de estilo

El orden de los elementos en una oración

Esta vez voy a poner un ejemplo práctico de la corrección de estilo aplicada al orden de los elementos en una oración. Este es el texto:

“No somos nadie” es lo primero que escuché comentar a alguien tras enterarme, mirando las estremecedoras imágenes, del último terremoto en Italia, un país que para mí es tanto como decir que mi vida se divide en el tiempo antes de Italia y el tiempo después de Italia.

Una de las características fundamentales de nuestra lengua es su flexibilidad en cuanto al orden de los diversos elementos dentro de una oración.

En:

Pepe pronuncia mañana una conferencia sobre autismo en el colegio de médicos, podemos prácticamente cambiar de posición todos los elementos.

Veámoslo:

Mañana/ pronuncia/ Pepe/ en el colegio de médicos/ una conferencia/ sobre autismo.

Sobre autismo/ mañana/ en el colegio de médicos/ pronuncia/ una conferencia/ Pepe.

En el colegio de médicos/ mañana/ sobre autismo/ una conferencia/ pronuncia/ Pepe.

Sobre autismo/ Pepe/ mañana/ en el colegio de médicos/ una conferencia/ pronuncia.

Es evidente que alguna frase nos sonará mejor que otra, pero lo cierto es que todas son correctas. Todas tienen la misma significación básica, si bien hay ciertos matices que dependen de la colocación que demos a cada elemento. Es claro que el énfasis principal va en el primer elemento que aparece en la cadena hablada y también, aunque secundario, en el último. No he agotado, ni mucho menos, las posibilidades distributivas, pero estas cuatro variaciones me parecen suficientes para destacar la extraordinaria ductilidad del español.

A esta figura constructiva que consiste en alterar el orden lógico y sintáctico habitual se le llama hipérbaton. Existen, por supuesto, dosis en el uso. Comparad la alteración del orden de la primera frase con la cuarta.

El orden lógico habitual de una oración dicta que en primer lugar situemos el sujeto, que es quien realiza o padece la acción, y en la posición segunda el predicado, que es lo que se dice del sujeto.

Sujeto: Pepe / Predicado: entregó una carta a María a las diez en el bar.

Predicado viene de pre-dicare que es lo que yo digo de algo que está antes, o sea, del sujeto. Dentro del predicado los elementos se ordenan en torno al núcleo, es decir, el verbo:

Pepe/ entregó/ una carta/ a María/ a las diez/ en el bar.

En este caso, el predicado consta de cinco elementos, siendo el verbo su núcleo o parte principal y el resto son complementos que matizan y limitan la significación verbal. Véase la secuencia en la restricción del significado del verbo: entregar/ entregar una carta/ entregar una carta a María/ etc.

Cada elemento lo hace de una forma distinta. El orden lógico, en que van colocados, denota su importancia; en primer lugar el complemento directo: una carta; después el complemento indirecto: a María; y en último lugar los complementos circunstanciales de tiempo y lugar: a las diez/ en el bar.

Y ahora hago una inversión total; el último elemento pasa a ser el primero y el primero, el sujeto, el último:

En el bar/ a las diez/ a María/ una carta/ entregó/ Pepe.

Me lo permite esta lengua nuestra tan maleable y tan diferente a otras lenguas como el inglés, el francés o el alemán, con una estructura sintáctica más rígida donde el hipérbaton está mucho más limitado.

Fijaos que en las tres lenguas es obligatorio la inversión del sujeto en la interrogación. Incluso en inglés hay que recurrir al verbo do, mientras que en español no es necesario. Tan correcto es decir:

¿Crees tú que es posible? como: ¿Tú crees que es posible?

Esta extrema facilidad en la disposición de los diferentes elementos en la frase permite un sinfín de matices (connotaciones) que contribuye notablemente a la riqueza expresiva de nuestro idioma, pero también, si no sabemos ordenar, si no tenemos unos criterios claros en la construcción, es muy fácil que caigamos en la ambigüedad y en la confusión. Dos fenómenos que suelen ir estrechamente unidos.

Por eso es muy recomendable que todo aquel, que se inicie en la fabulosa aventura de escribir, lo haga siempre de forma sencilla al principio, quiero decir, con frases cortas y no dislocando mucho los elementos de la oración. Es muy normal que, cuando no se domina la sintaxis, las frases se alarguen hasta el infinito y los elementos se desordenen tanto que el texto se haga completamente ilegible e ininteligible.

No es este el ejemplo, ni mucho menos, que he colocado al principio de esta entrada. Pertenece a un artículo de opinión de un periódico local. Precisamente porque está dignamente escrito, lo traigo para que podáis ver cómo un pequeño desorden, en mi opinión, contribuye a una cierta ambigüedad y, sobre todo, a que el texto no se lea bien o lo suficientemente fluido. Estamos en el terreno resbaladizo de la opinión, pero, insisto, es tanta la flexibilidad del español que muchas veces lo retorcemos innecesariamente.

(Hay que ser muy ducho en la escritura para salir con éxito de un párrafo de cuatro o cinco líneas construido a base de oraciones subordinadas, hipotaxis).

Fijaos en el segmento en negrita que va entre comas: /mirando las estremecedoras imágenes/ que corta a modo de paréntesis el verbo enterarse con su correlato lógico: del último terremoto de Italia.

El verbo enterarse es un verbo pronominal que rige la preposición de. Esto viene a significar que es obligatorio poner la preposición de en cualquier circunstancia:

Me enteré de tu marcha o me enteré de que te marchaste.

Más claro lo vemos en el verbo carecer de. No podemos decir *carezco noticias, sino carezco de noticias.

La gramática nos dice que el verbo propiamente no es *enterarse, sino enterarse de y que, por lo tanto, son dos verbos distintos: enterar/enterarse, con significados diferentes. Enterar es, según el DRAE, “informar a alguien de algo” mientras que enterarse de significa “darse por informado”.

Más claro lo podemos ver en: ocupar un cargo / ocuparse de un cargo; reír una gracia/ reírse de una gracia etc.

Ahora podemos apreciar cómo en el texto enterarse está muy lejos de su régimen introducido por la preposición de: del último terremoto de Italia. El orden está demasiado dislocado, lo cual contribuye a una cierta dificultad.

Habría que unir por lo tanto: enterarse del último terremoto de Italia, desplazando el segmento: mirando las estremecedoras imágenes a otro lugar del párrafo. Esta es la solución que propongo respetando el sentido e incluso el hecho de que el segmento vaya entre comas:

“No somos nadie” es lo primero que, mirando las estremecedoras imágenes, escuché comentar a alguien tras enterarme del último terremoto en Italia, un país que para mí es tanto como decir que mi vida se divide en el tiempo antes de Italia y el tiempo después de Italia.

Al variar el segmento colocándolo en otro sitio, la oración queda más ordenada y es más fácil de leer. Podemos hacer una variación más profunda respetando, por supuesto el sentido del párrafo:

Cuando estaba mirando las estremecedoras imágenes del terremoto en Italia, escuché  comentar a alguien: “No somos nadie”. Para mí Italia es decir mi vida. Hay un tiempo antes de Italia y un tiempo después de Italia.

Esta es una posibilidad, pero hay muchas más.

 

¿Te atreverías a escribir la tuya?

 

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