La contingencia de los pimpollos reventones en Amanece que no es poco

La contingencia de los pimpollos reventones en Amanece que no es poco

¿Son contingentes o permanentes los pimpollos reventones? ¿Tienen un principio y un final o viven en un mundo suprasensible protegidos de toda contingencia? Las palabras, cuando se usan, viven y, si no se utilizan, van a parar al mundo platónico del diccionario donde duermen el sueño de los justos hasta el final de los tiempos… O no. Es posible que alguien las resucite, las ponga en circulación y de este modo vuelvan pletóricas al mundo terrenal, que es lo que hace José Luis Cuerda en Amanece que no es poco con tantas palabras en desuso.

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Un ejemplo práctico de la corrección de estilo

Un ejemplo práctico de la corrección de estilo

El orden de los elementos en una oración

Esta vez voy a poner un ejemplo práctico de la corrección de estilo aplicada al orden de los elementos en una oración. Este es el texto:

“No somos nadie” es lo primero que escuché comentar a alguien tras enterarme, mirando las estremecedoras imágenes, del último terremoto en Italia, un país que para mí es tanto como decir que mi vida se divide en el tiempo antes de Italia y el tiempo después de Italia.

Una de las características fundamentales de nuestra lengua es su flexibilidad en cuanto al orden de los diversos elementos dentro de una oración.

En:

Pepe pronuncia mañana una conferencia sobre autismo en el colegio de médicos, podemos prácticamente cambiar de posición todos los elementos.

Veámoslo:

Mañana/ pronuncia/ Pepe/ en el colegio de médicos/ una conferencia/ sobre autismo.

Sobre autismo/ mañana/ en el colegio de médicos/ pronuncia/ una conferencia/ Pepe.

En el colegio de médicos/ mañana/ sobre autismo/ una conferencia/ pronuncia/ Pepe.

Sobre autismo/ Pepe/ mañana/ en el colegio de médicos/ una conferencia/ pronuncia.

Es evidente que alguna frase nos sonará mejor que otra, pero lo cierto es que todas son correctas. Todas tienen la misma significación básica, si bien hay ciertos matices que dependen de la colocación que demos a cada elemento. Es claro que el énfasis principal va en el primer elemento que aparece en la cadena hablada y también, aunque secundario, en el último. No he agotado, ni mucho menos, las posibilidades distributivas, pero estas cuatro variaciones me parecen suficientes para destacar la extraordinaria ductilidad del español.

A esta figura constructiva que consiste en alterar el orden lógico y sintáctico habitual se le llama hipérbaton. Existen, por supuesto, dosis en el uso. Comparad la alteración del orden de la primera frase con la cuarta.

El orden lógico habitual de una oración dicta que en primer lugar situemos el sujeto, que es quien realiza o padece la acción, y en la posición segunda el predicado, que es lo que se dice del sujeto.

Sujeto: Pepe / Predicado: entregó una carta a María a las diez en el bar.

Predicado viene de pre-dicare que es lo que yo digo de algo que está antes, o sea, del sujeto. Dentro del predicado los elementos se ordenan en torno al núcleo, es decir, el verbo:

Pepe/ entregó/ una carta/ a María/ a las diez/ en el bar.

En este caso, el predicado consta de cinco elementos, siendo el verbo su núcleo o parte principal y el resto son complementos que matizan y limitan la significación verbal. Véase la secuencia en la restricción del significado del verbo: entregar/ entregar una carta/ entregar una carta a María/ etc.

Cada elemento lo hace de una forma distinta. El orden lógico, en que van colocados, denota su importancia; en primer lugar el complemento directo: una carta; después el complemento indirecto: a María; y en último lugar los complementos circunstanciales de tiempo y lugar: a las diez/ en el bar.

Y ahora hago una inversión total; el último elemento pasa a ser el primero y el primero, el sujeto, el último:

En el bar/ a las diez/ a María/ una carta/ entregó/ Pepe.

Me lo permite esta lengua nuestra tan maleable y tan diferente a otras lenguas como el inglés, el francés o el alemán, con una estructura sintáctica más rígida donde el hipérbaton está mucho más limitado.

Fijaos que en las tres lenguas es obligatorio la inversión del sujeto en la interrogación. Incluso en inglés hay que recurrir al verbo do, mientras que en español no es necesario. Tan correcto es decir:

¿Crees tú que es posible? como: ¿Tú crees que es posible?

Esta extrema facilidad en la disposición de los diferentes elementos en la frase permite un sinfín de matices (connotaciones) que contribuye notablemente a la riqueza expresiva de nuestro idioma, pero también, si no sabemos ordenar, si no tenemos unos criterios claros en la construcción, es muy fácil que caigamos en la ambigüedad y en la confusión. Dos fenómenos que suelen ir estrechamente unidos.

Por eso es muy recomendable que todo aquel, que se inicie en la fabulosa aventura de escribir, lo haga siempre de forma sencilla al principio, quiero decir, con frases cortas y no dislocando mucho los elementos de la oración. Es muy normal que, cuando no se domina la sintaxis, las frases se alarguen hasta el infinito y los elementos se desordenen tanto que el texto se haga completamente ilegible e ininteligible.

No es este el ejemplo, ni mucho menos, que he colocado al principio de esta entrada. Pertenece a un artículo de opinión de un periódico local. Precisamente porque está dignamente escrito, lo traigo para que podáis ver cómo un pequeño desorden, en mi opinión, contribuye a una cierta ambigüedad y, sobre todo, a que el texto no se lea bien o lo suficientemente fluido. Estamos en el terreno resbaladizo de la opinión, pero, insisto, es tanta la flexibilidad del español que muchas veces lo retorcemos innecesariamente.

(Hay que ser muy ducho en la escritura para salir con éxito de un párrafo de cuatro o cinco líneas construido a base de oraciones subordinadas, hipotaxis).

Fijaos en el segmento en negrita que va entre comas: /mirando las estremecedoras imágenes/ que corta a modo de paréntesis el verbo enterarse con su correlato lógico: del último terremoto de Italia.

El verbo enterarse es un verbo pronominal que rige la preposición de. Esto viene a significar que es obligatorio poner la preposición de en cualquier circunstancia:

Me enteré de tu marcha o me enteré de que te marchaste.

Más claro lo vemos en el verbo carecer de. No podemos decir *carezco noticias, sino carezco de noticias.

La gramática nos dice que el verbo propiamente no es *enterarse, sino enterarse de y que, por lo tanto, son dos verbos distintos: enterar/enterarse, con significados diferentes. Enterar es, según el DRAE, “informar a alguien de algo” mientras que enterarse de significa “darse por informado”.

Más claro lo podemos ver en: ocupar un cargo / ocuparse de un cargo; reír una gracia/ reírse de una gracia etc.

Ahora podemos apreciar cómo en el texto enterarse está muy lejos de su régimen introducido por la preposición de: del último terremoto de Italia. El orden está demasiado dislocado, lo cual contribuye a una cierta dificultad.

Habría que unir por lo tanto: enterarse del último terremoto de Italia, desplazando el segmento: mirando las estremecedoras imágenes a otro lugar del párrafo. Esta es la solución que propongo respetando el sentido e incluso el hecho de que el segmento vaya entre comas:

“No somos nadie” es lo primero que, mirando las estremecedoras imágenes, escuché comentar a alguien tras enterarme del último terremoto en Italia, un país que para mí es tanto como decir que mi vida se divide en el tiempo antes de Italia y el tiempo después de Italia.

Al variar el segmento colocándolo en otro sitio, la oración queda más ordenada y es más fácil de leer. Podemos hacer una variación más profunda respetando, por supuesto el sentido del párrafo:

Cuando estaba mirando las estremecedoras imágenes del terremoto en Italia, escuché  comentar a alguien: “No somos nadie”. Para mí Italia es decir mi vida. Hay un tiempo antes de Italia y un tiempo después de Italia.

Esta es una posibilidad, pero hay muchas más.

 

¿Te atreverías a escribir la tuya?

 

La corrección de estilo: Limpiar, fijar y… abrillantar.

La corrección de estilo: Limpiar, fijar y… abrillantar.

He sustituido dar esplendor por abrillantar, porque ya me parecía a mí demasiada desfachatez la mía de copiar literalmente el lema de nuestra Real Academia Española de la Lengua: “Limpia, fija y da esplendor”, pero resulta que no he encontrado nada tan apropiado y tan preciso como este lema dieciochesco para describir con exactitud, y en pocas palabras, lo que debe ser la corrección de estilo. Dar esplendor se podría prestar a equívocos, dada la polisemia de esplendor, pero, al sustituir dicho vocablo por brillo, en el sentido de sacar brillo a algo oscuro, la cosa queda muy clara.

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Bastardeando un poco con el origen de la palabra bastardo

Bastardeando un poco con el origen de la palabra bastardo

Bastardo viene de bastard, o sea, que el origen de la palabra bastardo es muy francés. Bastard como clochard, placard, pétard, Roncard, Ronsard etc, dicho sea esto con todos mis respetos a la cartesiana Francia, y más ahora que están los gabachos apesadumbrados y muy tristes por haber sufrido recientemente una derrota ignominiosa, en propio suelo, a pies de mi querida Portugal, en la final del campeonato de Europa de selecciones de fútbol.

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La lectura panorámica. Leer en voz alta es fundamental para el discurso

La lectura panorámica. Leer en voz alta es fundamental para el discurso

Es un ejercicio que suelo hacer a diario. Sobre todo en otros idiomas. El francés y el inglés, para no perder el acento y el alemán para obtenerlo. Es tan difícil pronunciar todas las consonantes y los diferentes tipos de vocales en alemán, que creo llevar ganada una buena cuota para acceder a uno de los lugares más soleados del cielo. De paso, me sirve para entonar y ser consciente del ritmo; en cada idioma y también en el mío propio, además de ejercitarme en la lectura panorámica. Fundamental para un actor o cualquier persona que deba hablar con cierta asiduidad a un público.

Aunque parezca mentira, hay bastantes actores que no saben leer en voz alta. No hay costumbre; ni en las escuelas de primaria, ni tampoco en la de actores, lo cual es un error bastante grande. Me refiero, por supuesto, a leer textos que no sean los dramáticos que posteriormente deban interpretar. Ello no significa necesariamente que sean malos actores, pero estoy seguro que les costará más su trabajo posterior en escena. Empezando por la memorización. Siempre hay que aprender los parlamentos en voz alta.

No hace falta que leas en otros idiomas (sería lo ideal) sino que lo hagas en el tuyo, que es el mío, todos los días 10 o 15 minutos. Para empezar, textos sin demasiadas complicaciones, periodísticos sobre todo, y textos literarios, preferentemente novelas fáciles o manuales de historia, filosofía, etc. La poesía, mejor dejarla para cuando estés bien entrenado. Es muy peligroso leer poesía, tanto con rima como sin ella, al principio.

Te recomiendo que leas textos no muy largos. Más bien cortos para poder repetirlos unas cuantas veces. Las primeras lecturas deberán ser muy técnicas, incluso mecánicas. Me refiero a que tu atención deberá concentrarse solo en las pausas; comas, puntos, puntos suspensivos, atendiendo mucho a tu respiración. Si las frases son cortas, mejor. Lo que no te aseguro es que los textos estén bien puntuados, pero ese no es problema tuyo. (Más de una vez he leído alguna novela de novelista famoso horriblemente puntuada). En una tercera o cuarta relectura, es muy conveniente que intentes unir varias frases cortas sin perder la entonación ni el sentido.

Básicamente la puntuación deberá tener muy en cuenta la respiración y los matices. Hay actores que no son capaces de decir una frase larga, porque no están entrenados en la respiración ni en la lectura panorámica. Llegan con la lengua fuera al final o no tienen más remedio que hacer una pausa en medio. Si esa pausa la hacen bien, no hay ningún problema. El problema surge cuando lo hacen mal y a destiempo, nunca mejor dicho.

Y aquí entra la lectura panorámica, como la llamo yo, que es una lectura anticipatoria. Es decir, mientras mi boca pronuncia una frase, mi cerebro está leyendo la siguiente o, incluso, el párrafo entero, con lo cual es muy difícil que se pueda perder el sentido global. Una cosa es el significado de una frase en concreto y otra muy distinta el sentido de una párrafo o un texto que está construido a partir de los significados de cada frase. Ojo que digo a partir de y no la suma de. El sentido está constituido por la manera en que los significados se contaminan modificándose mutuamente.

Estar habituado a la lectura panorámica o anticipatoria me sirvió muchísimo en mi último casting. Fue hace poco en Sevilla, con una pareja de directoras de casting madrileñas, que hoy por hoy son las que cortan el bacalao en la profesión.

Me habían mandado la separata en la que tenía que interpretar a un juez que interroga a un asesino. Todo muy normal. Una pequeña charla para atemperar los nervios (forma parte del protocolo) un pase para calentar motores; una de ellas me daba la réplica, mientras la otra preparaba el plano y todo preparado para la toma. Todo fue muy bien. Quedaron muy satisfechas. Eso se nota en la cara.

Y ahora viene la sorpresa con la amable trampa que me tendieron. Me dijeron que si no me importaba leer en voz alta un texto que me pasaron en un folio. Nada más entregármelo, iniciaron una conversación insustancial, no me acuerdo sobre qué. Fue después cuando me percaté de que la jugada consistía en que no pudiera hacer una lectura previa.

El texto era horrible. Un notario que leía un documento jurídico, muy técnico y alambicado, cuando de pronto, el texto dice: “¿Pero, qué coño es esto?” Fue leerlo y una sonrisa amplísima inundó sus caras. Lo había clavado. Eso es exactamente lo que me dijeron. La lectura panorámica me había ayudado. Mi cerebro, acostumbrado a la anticipación, había leído previamente la pregunta, antes de que yo llegara a ella de tal forma, que no la leí realmente, sino que, llevado por un automatismo, se la formulé directamente a ellas. ¿Pero qué coño es esto?

El cerebro es más rápido que la vista pero, si además está entrenado, ni te cuento.

Me dijeron que iba a tardar en saber el resultado del casting porque el director de la película estaba rodando un documental en Nueva York. Es posible que me elijan e igualmente es posible que no. Son muchos los factores que intervienen en la elección de un actor para un papel. Con el tiempo, he aprendido que hacer un buen casting no significa que te elijan. Lo puedes hacer muy bien, pero el perfil requerido no es exactamente el tuyo. A lo mejor el director busca un juez apocado, bajito y calvo y yo soy calvo, pero no soy bajito ni apocado. Es duro pero es así. A lo mejor el director me elige a mí, pero el protagonista con el que tengo que hacer la escena se cae. El director tiene que coger a otro actor y su imagen no concuerda bien con la mía. Entonces quien se cae soy yo…Así es esta profesión. Solo estoy seguro de una cosa. Las directoras de casting seguirán llamándome para pruebas o directamente para hacer un papel como sucedió con La isla mínima.

¿Realizas con asiduidad la lectura panorámica?

 

¿Sueles leer en voz alta?