La lectura panorámica. Leer en voz alta es fundamental para el discurso

La lectura panorámica. Leer en voz alta es fundamental para el discurso

Es un ejercicio que suelo hacer a diario. Sobre todo en otros idiomas. El francés y el inglés, para no perder el acento y el alemán para obtenerlo. Es tan difícil pronunciar todas las consonantes y los diferentes tipos de vocales en alemán, que creo llevar ganada una buena cuota para acceder a uno de los lugares más soleados del cielo. De paso, me sirve para entonar y ser consciente del ritmo; en cada idioma y también en el mío propio, además de ejercitarme en la lectura panorámica. Fundamental para un actor o cualquier persona que deba hablar con cierta asiduidad a un público.

Aunque parezca mentira, hay bastantes actores que no saben leer en voz alta. No hay costumbre; ni en las escuelas de primaria, ni tampoco en la de actores, lo cual es un error bastante grande. Me refiero, por supuesto, a leer textos que no sean los dramáticos que posteriormente deban interpretar. Ello no significa necesariamente que sean malos actores, pero estoy seguro que les costará más su trabajo posterior en escena. Empezando por la memorización. Siempre hay que aprender los parlamentos en voz alta.

No hace falta que leas en otros idiomas (sería lo ideal) sino que lo hagas en el tuyo, que es el mío, todos los días 10 o 15 minutos. Para empezar, textos sin demasiadas complicaciones, periodísticos sobre todo, y textos literarios, preferentemente novelas fáciles o manuales de historia, filosofía, etc. La poesía, mejor dejarla para cuando estés bien entrenado. Es muy peligroso leer poesía, tanto con rima como sin ella, al principio.

Te recomiendo que leas textos no muy largos. Más bien cortos para poder repetirlos unas cuantas veces. Las primeras lecturas deberán ser muy técnicas, incluso mecánicas. Me refiero a que tu atención deberá concentrarse solo en las pausas; comas, puntos, puntos suspensivos, atendiendo mucho a tu respiración. Si las frases son cortas, mejor. Lo que no te aseguro es que los textos estén bien puntuados, pero ese no es problema tuyo. (Más de una vez he leído alguna novela de novelista famoso horriblemente puntuada). En una tercera o cuarta relectura, es muy conveniente que intentes unir varias frases cortas sin perder la entonación ni el sentido.

Básicamente la puntuación deberá tener muy en cuenta la respiración y los matices. Hay actores que no son capaces de decir una frase larga, porque no están entrenados en la respiración ni en la lectura panorámica. Llegan con la lengua fuera al final o no tienen más remedio que hacer una pausa en medio. Si esa pausa la hacen bien, no hay ningún problema. El problema surge cuando lo hacen mal y a destiempo, nunca mejor dicho.

Y aquí entra la lectura panorámica, como la llamo yo, que es una lectura anticipatoria. Es decir, mientras mi boca pronuncia una frase, mi cerebro está leyendo la siguiente o, incluso, el párrafo entero, con lo cual es muy difícil que se pueda perder el sentido global. Una cosa es el significado de una frase en concreto y otra muy distinta el sentido de una párrafo o un texto que está construido a partir de los significados de cada frase. Ojo que digo a partir de y no la suma de. El sentido está constituido por la manera en que los significados se contaminan modificándose mutuamente.

Estar habituado a la lectura panorámica o anticipatoria me sirvió muchísimo en mi último casting. Fue hace poco en Sevilla, con una pareja de directoras de casting madrileñas, que hoy por hoy son las que cortan el bacalao en la profesión.

Me habían mandado la separata en la que tenía que interpretar a un juez que interroga a un asesino. Todo muy normal. Una pequeña charla para atemperar los nervios (forma parte del protocolo) un pase para calentar motores; una de ellas me daba la réplica, mientras la otra preparaba el plano y todo preparado para la toma. Todo fue muy bien. Quedaron muy satisfechas. Eso se nota en la cara.

Y ahora viene la sorpresa con la amable trampa que me tendieron. Me dijeron que si no me importaba leer en voz alta un texto que me pasaron en un folio. Nada más entregármelo, iniciaron una conversación insustancial, no me acuerdo sobre qué. Fue después cuando me percaté de que la jugada consistía en que no pudiera hacer una lectura previa.

El texto era horrible. Un notario que leía un documento jurídico, muy técnico y alambicado, cuando de pronto, el texto dice: “¿Pero, qué coño es esto?” Fue leerlo y una sonrisa amplísima inundó sus caras. Lo había clavado. Eso es exactamente lo que me dijeron. La lectura panorámica me había ayudado. Mi cerebro, acostumbrado a la anticipación, había leído previamente la pregunta, antes de que yo llegara a ella de tal forma, que no la leí realmente, sino que, llevado por un automatismo, se la formulé directamente a ellas. ¿Pero qué coño es esto?

El cerebro es más rápido que la vista pero, si además está entrenado, ni te cuento.

Me dijeron que iba a tardar en saber el resultado del casting porque el director de la película estaba rodando un documental en Nueva York. Es posible que me elijan e igualmente es posible que no. Son muchos los factores que intervienen en la elección de un actor para un papel. Con el tiempo, he aprendido que hacer un buen casting no significa que te elijan. Lo puedes hacer muy bien, pero el perfil requerido no es exactamente el tuyo. A lo mejor el director busca un juez apocado, bajito y calvo y yo soy calvo, pero no soy bajito ni apocado. Es duro pero es así. A lo mejor el director me elige a mí, pero el protagonista con el que tengo que hacer la escena se cae. El director tiene que coger a otro actor y su imagen no concuerda bien con la mía. Entonces quien se cae soy yo…Así es esta profesión. Solo estoy seguro de una cosa. Las directoras de casting seguirán llamándome para pruebas o directamente para hacer un papel como sucedió con La isla mínima.

¿Realizas con asiduidad la lectura panorámica?

 

¿Sueles leer en voz alta?

 

Gestionando el caos a la hora de preparar un discurso

Gestionando el caos a la hora de preparar un discurso

Lo predecible y lo imprevisto

El caos, palabra de origen griego para variar, tiene una mala fama inmerecida. Todo el mundo ha oído la metáfora de que el vuelo de una mariposa en un lugar del mundo puede ocasionar un tsunami en su antípoda, lo cual ha producido cierto malentendido con la pobre mariposa a quien ya no se la ve como ese insecto volátil, cromático y alegre que anuncia la primavera, sino más bien como un presagio negro de alguna catástrofe. Pues no. No hay que exagerar. La mariposa seguirá siendo un animalillo bellísimo, dicharachero y polinizador, que dará origen a muchas plantas que producirán flores que ofrecerán sus cálices y sus pistilos a otras mariposas para que la creación prosiga su irremisible curso hasta el fin de los tiempos que no tienen fin. Y si de vez en cuando se produce una tempestad, es porque el mundo gira, la mariposa vuela, el orden tiene sus reglas y el caos sus imprevistos y encima se llevan bien porque, en contra de lo que pueda parecer, todo forma parte del Todo.

Los griegos lo tenían muy claro. No solamente ponían en pie de igualdad Eros, pulsión de vida, y Tánatos, pulsión de muerte, sino también Orden y Caos como elementos imprescindibles y complementarios de la Armonía. Sabían perfectamente que el caos no es sólo cosa de físicos-matemáticos con sus alambicadas teorías acerca de las catástrofes, las incertidumbres, las incompletitudes, los relativismos y las realidades cuánticas, sino que nos pertenece a todos, empezando por los artistas, siguiendo con los actores y acabando en los discursos y toda la gente en general con nuestras vidas monótonas y cotidianas hasta que surge lo imprevisto. Caos es lo imprevisto, lo impredecible, la sorpresa que acecha al doblar la esquina. La vida.

Por eso como director, cada que vez que voy a un ensayo pertrechado con mis esquemas y seguridades, mis planos de movimientos, mis ideas sobre los conflictos y las actitudes, debo reservar una parte importante de mi alma a los benditos imprevistos.

Houston, el gran director de cine americano, decía que muchas veces, al plantear una situación determinada a los actores, estos solían casi siempre mejorar sus planes.

Es muy importante no encerrarse en los esquemas previos. Hay que estar abiertos a la sorpresa, a las equivocaciones. Son un material magnífico. Puedo asegurar que el ochenta por ciento del montaje de Calígula se lo debo a los imprevistos. Un actor que, en vez de colocarse en el sitio prefijado, se equivoca y, al equivocarse, acierta. Esa actriz que, en un momento determinado de su parlamento, carraspea o tose y esa acción espontánea se convierte en un registro más para el personaje.

De la idea inicial de un Calígula que sale por primera vez a escena empapado por la lluvia, después de vagar tres días desconsolado por la muerte de su hermana y amante Drusila,  a la escena donde habla con Helicón de que su gran misión es coger la Luna, esta empezó a desarrollarse de un modo tan imprevisto y sorprendente que ha vehiculado todo el montaje. O la vez aquella en que una actriz apareció con un foulard rojo y originó toda la estética del montaje cargándose dicho color de multitud de significaciones.

Un director debe llevar consigo una buena antena parabólica para captar los detalles imprevistos, las equivocaciones preñadas de sentido.

Lo mismo ocurre a la hora de preparar un discurso. Uno debe preparar el discurso para dejar que el propio discurso tome las riendas. No es bueno ir con unos esquemas demasiado rígidos porque entonces no podremos abrir las puertas al azar, al caos.

Es más, a veces, es mejor no tener nada preparado de antemano, jugar con la indefinición y la incertidumbre, dejarse inundar por el caos, que este se adueñe de todo, a condición de seguir andando y controlar la impaciencia.

Lo peor de la página en blanco, no es la página en sí, sino la impaciencia por escribir algo. Ayudar a controlar la impaciencia del actor por sacar el personaje o del orador por tener cuanto antes un discurso, es labor del director y del coach.

Porque, normalmente, cuando el actor está nervioso e impaciente por tener a su personaje, suele cargarse de sentido, de significado. A todo le quiere buscar una explicación. Muchas veces el director debe rehusar las explicaciones, que sólo hacen entorpecer  al actor y enterrarlo bajo la pesada losa de la sicología. Yo no soy muy dado a dar explicaciones sobre los personajes o las minimizo cuanto puedo. Tampoco me gusta fijar un esquema de antemano en un discurso. Es mucho mejor dejarse llevar por ideas inconexas al principio, acogerlas con benevolencia y dar un tiempo a que ellas mismas, de un modo imprevisto, se vayan relacionando y estableciendo sus jerarquías y prevalencias. Llegará un momento en que todo se ordene de forma, podríamos decir, milagrosa. No hay ningún milagro. Es el caos que por abajo nos ha estado trabajando sin nosotros saberlo y que en un momento dado, sin prisas pero sin pausas, ha salido a la superficie y se ha puesto, por fin, una cara en la que reconocernos.

¿Cómo gestionas el caos?

Conoce un poco más a Gala González

Conoce un poco más a Gala González

Fotografía de Clara Mateo 

Conócenos, Palabras a medida.

Estimado lector, estimadísima lectora:

Aquí tienes una parte importante del alma de mi querida hija Gala, en quien tengo puestas todas mis complacencias, que es lo mínimo que debe poner un padre; el deseo de que a los hijos les vaya bien en la vida. Porque la vida de ahora no es nada fácil para nadie y mucho menos para la gente joven.

Por eso que alguien como mi hija, tan contumaz y organizada, decidiera, hace un año ya, emprender una aventura como Palabras a medida, es un orgullo. Poder asistir como fiel escudero a que la Dama Doña Gala de Málaga cabalgue sobre grafías y tildes, párrafos y correcciones, discursos y otras yerbas, sin que dé con su lindo cuerpo en las palas de un molino de viento o sufra alguna malandanza, es labor que a mí compete. Claro, que esto que digo muy pocas probabilidades de que suceda tiene, porque, entre las muchas virtudes que le adornan, una de ellas es tener los pies bien fijados a tierra, que más de una vez fue ella la que me sacó a mí de apuros, como aquella ocasión en que, con sus ocho años, me hizo ver que entregué un billete de 2 000 pesetas a la cajera de un supermercado sin que yo me percatara de que no me había entregado el abundante cambio y, en habiendo dado yo doscientos pasos rumiando la pérdida, ella me hizo ver que no había tal, sino que la cajera no me había dado la vuelta. Entonces fuimos, se lo hicimos ver y efectivamente la cajera estuvo de acuerdo con nuestra demanda y devolvióme casi intactas las dos mil pesetas.

Con esto creo yo que está dicho todo.

Te invito a conocer un poco más a Gala González, artífice de Palabras a medida.

1.- Hablando de los platos de tu introducción, ¿cómo se te ocurrió montar una empresa cuya materia prima es la palabra?

La idea surgió a partir de un cúmulo de circunstancias que confluyeron en el momento apropiado. Venía de aprobar unas oposiciones, de quedarme a escasos números de la ansiada llamada, de unos brutales recortes en educación a consecuencia de la crisis económica, de enlazar diferentes trabajos con contratos temporales, de una situación de inseguridad en todos los aspectos, de preguntarme quién era y qué quería hacer con mi vida. ¿Dejaría que las circunstancias marcaran mi camino o cogería yo las riendas? Ya había iniciado meses atrás un proceso de análisis personal, que derivó en lo profesional a raíz de recibir un regalo inesperado, el curso de El Ideatorio.

En este curso descubrí que solo había una cosa constante en mi vida: la palabra. Me abrió los ojos a la idea de que, si no había trabajo para mí, entonces sería yo la que lo crearía a mi imagen y semejanza. Cuando compartí la idea contigo, con un cierto temor a que pensaras que estaba completamente loca, conté con tu incondicional apoyo, empuje y participación. Fuimos tirando del hilo y le dimos forma al proyecto, que ahora es una realidad.

Relacionando todo esto con los platos de la introducción de tu entrevista la semana pasada, en este análisis hubo una frase que cambió en cierta manera mi perspectiva: “Deja de preocuparte y, simplemente, ocúpate” y proseguía con el siguiente ejemplo “cuando friegues los platos haz solo esto, fregar; concentra tu atención exclusivamente en la actividad que estás realizando sin preocuparte por lo hecho con anterioridad o lo que le seguirá, disfruta de la manera en que fluye el agua y cómo va saliendo el brillo”.

Aún no he logrado ocuparme simplemente. De vez en cuando en medio del fluir acuático se me ocurren las ideas. ¿Quizá sea porque soy malagueña y nos llaman boquerones, por mi naturaleza pisciana o por la confluencia de ambas?

2.- De internet yo tengo poca idea, me consta que estuviste un montón de tiempo esforzándote en comprender las herramientas y los mecanismos, ¿Es internet una jungla? ¿Qué consejos le darías a alguien que quiera montar una empresa virtual?

Entre que tuve la idea y hasta que la llevé a cabo, pasó un periodo de un año más o menos. Durante ese tiempo, investigué y me formé, pero lo más importante es que dejé que la idea reposara y trabajara ella sola de forma latente, como dormida. En el momento en que pasé a la acción tenía toda la estructura de lo que iba a ser Palabras a medida, lo cual facilitó muchísimo los siguientes pasos, que eran más técnicos. En esta fase aprendí Photoshop, algo de fotografía, lo indispensable de diseño gráfico… pero la estructura ya estaba ahí, solo quedaba dar forma y pulir.

La vida en sí es una jungla, ya lo dice una de mis canciones favoritas, Welcome to the jungle de Guns & Roses. Si se considera internet como una extensión de la vida real, pues es la misma jungla, pero un poco intensificada por la inmediatez, la sobrecarga de información y el anonimato.

En realidad más que un consejo me gustaría dejar constancia de la lección más importante que he extraído de este año. Internet es una ventana abierta al mundo, cuyo alcance puede llegar a ser brutal tanto en lo positivo como en lo negativo, pero jamás puede suplantar la vida real porque mirar el mundo a través de una pantalla digital va a proporcionar siempre una visión más reducida y empobrecida. Hay que tener cuidado con la hiperconectividad, porque tanta información simultánea se convierte en ruido y en sobrecarga del canal. También es importante no intentar reflejarse en los otros y volver la imagen a lo que uno realmente quiere hacer y siente que debe hacer.

3.- ¿Crees que una empresa como la nuestra tiene futuro?

¡Absolutamente! La prueba de ello es que el día que te comenté la idea no pensaste que estaba loca de remate ja ja ja.

Voy a poner un ejemplo. Actualmente a golpe de clic podemos acceder a todo tipo de informaciones, pero los datos en bruto no dicen nada. Entonces, resulta fundamental crear y comunicar de forma efectiva ese mensaje, adecuando la intención y el propósito al tema. El interés por el lenguaje radica en el deseo de dominarlo para lograr un conocimiento que permita rechazar la manipulación y en presentarlo como “diálogo” o “conversación”.

4.- Estudiaste periodismo y ahora preparas oposiciones a profesora de secundaria en Lengua y Literatura. Que yo sepa, no has ejercido como periodista. ¿A qué se debe?

El primer año de carrera ya estaba un poco desilusionada. Esta sensación creció cuando realicé las prácticas de periodismo porque, si soy sincera, me sentía como una marioneta a expensas de las declaraciones. Cuando iba a las ruedas de prensa, lo importante era grabar las palabras y transcribirlas. Me sentía una grabadora que ni tan siquiera podía hacer preguntas. El periodismo de declaraciones ha llegado a la situación esperpéntica del conocidísimo plasma.

Junto a las declaraciones todo se reducía a los números: 1 000 muertos en tal, 360 desaparecidos en cual, 9 678 heridos en tal pascual. Someter las desgracias humanas a un número era provocar una cierta inmunidad mediática en los receptores. Ahora, por ejemplo, con la situación que están viviendo los exiliados sirios, el foco no se está poniendo tanto en los números como en las circunstancias, causas y consecuencias de los hechos y la prensa está reaccionando en cierta medida frente a las decisiones europeas. Están denunciando una situación, que es uno de sus cometidos. Por algo es el cuarto poder, aunque ciertamente son empresas que buscan beneficios.

Si a esto se le suma que en mi época era normal encadenar contratos en práctica uno detrás de otro (se cobraba al mes unos 360 euros), el salir de tu casa a las diez de la mañana y no saber cuándo ibas a volver (quizás al cierre de rotativas a las once o a las doce de la noche), el tener que cubrir el primer nacimiento del año y un largo etcétera, pues decidí que quería trabajar para vivir y no vivir para trabajar.

5.- Llevas bastante tiempo trabajando como profesora particular. ¿Cuáles crees que son las virtudes y los defectos de nuestro sistema educativo? ¿La lengua española tiene la importancia que merece?

Uy, esta pregunta es complicada. Además en este asunto no soy objetiva. Probablemente, uno de los defectos más notables sean las continuas leyes educativas y la falta de un pacto en educación. Otro defecto quizá sea que el trabajo y el esfuerzo no son incompatibles con la creatividad y la motivación. Los alumnos deben aprender a memorizar, por ejemplo, porque es bueno, pero también deben expresarse y comprender lo que leen y divertirse aprendiendo. Entre las virtudes, quizá dijera que se están empezando a crear dinámicas muy interesantes, en las que el alumno se convierte en el motor y centro de su aprendizaje, asumiendo el profesor un rol de guía, de apoyo, de motivación.

En cuanto a la lengua española sí tiene la importancia que merece en cuanto a carga lectiva, pero quizá su enseñanza se está planteando de forma errónea. Los alumnos muchas veces ven esta asignatura aburrida y no entienden para qué les sirve las sintaxis. En el fondo, se trata de que comprendan el porqué de las cosas.

6.- A Dalí una vez le preguntaron si pintar era fácil o difícil y Dalí contestó que pintar era fácil o imposible. ¿Aplicarías esta afirmación a la escritura?

Puede ser. Claro que sí. Hay días en que las palabras fluyen con tal facilidad que se puede convertir la tarea en una maravilla en verso, pero hay otros momentos en que no hay manera. Todo se logra con trabajo, perseverancia y tesón. Si un día no salen las palabras adecuadas, pues lo mejor es cerrar el ordenador o la libreta e irse a dar un paseo. No preocuparse, sino ocuparse.

7.- ¿Cómo surgió en ti la necesidad de escribir?

Fue una profesora del instituto cuando cursaba tercero de ESO. Estaba en esa época en la que los padres decís que los adolescentes tienen el pavo subido y yo lo tenía elevado al cuadrado. De repente no me gustaba estudiar, las asignaturas me daban grima y no sabía si era buena o mala estudiante.

En fin, llegó esta profesora interina a la clase con muchas ganas y motivación. Nos tendió algunas trampas. Empezó sugiriéndonos que lleváramos algunos poemas que nos gustaran para leerlos en clase en voz alta. Yo llevé el de La vieja biblioteca pública de Los Ángeles de Bukowski. Después, nos hizo cambiar el final del cuento de La Cenicienta, inventarnos relatos con los números y con el abecedario y escribir una historia de misterio siguiendo un tablero con unos dados. Si entregábamos redacciones extras, pues mejorábamos las notas finales. Empecé a escribir para subir nota. Finalmente, propuso como proyecto final de curso entregar una novela y de forma semanal íbamos entregando los borradores.

A partir de ahí no pude parar de escribir.

8.- Clases particulares, Palabras a medida, oposiciones… ¿Qué haces para llevarlo todo para adelante?

Dedicarle a cada cosa su momento. Cuando estoy estudiando simplemente aprendo. Cuando estoy dando clases, solo estoy con los alumnos y cuando gestiono o escribo para Palabras a medida me dedico en exclusiva a esta actividad. Intento no preocuparme en exceso y eliminar todo lo que pueda interferir en la concentración. Por ejemplo, el móvil siempre está en silencio y sin vibración. Así, si estoy estudiando al no escuchar ni ver las notificaciones no me percato y ojos que no ven, corazón que no siente.

9.- Me consta que eres una gran lectora, ¿qué libros y autores recomendarías para los adolescentes que se quieran iniciar en la lectura?

Si se trata de iniciarse en esta actividad y de promover el gusto lector, optaría por libros bien escritos y de cierta calidad literaria, cuya lectura les resultara amena. No hay mejor modo de lograr la estampida lectora que obligándoles a leer El Quijote, a Pérez-Galdós o a Leopoldo Alas Clarín. Cuando estaba en el instituto disfruté muchísimo leyendo a Isabel Allende, Como agua para chocolate de Laura Esquivel, Mario Benedetti o García Márquez. Aunque también incluiría algunas obras actuales que tanto les gustan como lecturas optativas: Harry Potter, la saga Crepúsculo o algún cómic o manga. Se trataría de llegar a un acuerdo con ellos: una obra la elijo yo y otra ellos. Así también se sienten partícipes.

10.- ¿Cuáles son tus autores preferidos?

La lista puede ser interminable. Me encanta la llamada Generación maldita  (John Dos Passos, William Faulkner, Ernest Hemingway y John Steinbeck), Bukowski que pertenece a la generación beat, el realismo mágico y la narrativa hispanoamericana (Cortázar, García Márquez y Alejo Carpentier), la novelística rusa realista (Tolstoi), algunos clásicos como Shakespeare u Oscar Wilde, los grandes poetas del Siglo de Oro (Garcilaso, Lope, Quevedo y Góngora)… Siento adoración por el Poema de Mio Cid y por el esperpento de Valle Inclán.

Me quedo corta, pero prefiero no abrumar demasiado con tantos autores.

11.- Y además de la lectura, ¿qué otras aficiones tienes?

Tejer a mi ritmo. Esto quiere decir que puedo estar dos años para terminar un poncho, pero cuando lo estrene, me sentiré muy orgullosa de poderlo lucir.

Hacer deporte. Nunca he sido demasiado deportista, pero desde que hago ejercicio me siento más sana y con el cerebro más oxigenado. Necesito coger aire después de tantos libros, letras, apuntes y pantallas. Ya lo decían los romanos: Mens sana in corpore sano.

Una de mis mayores aficiones es el mar, mirar al horizonte y escuchar el ruido de las olas. Es algo que me calma y que me hace cuestionar la existencia.

No solo leo literatura, quiero comprender el mundo, la sociedad, la mente humana o el poder de los medios. Disfruto con la psicología, el psicoanálisis, la filosofía y, en definitiva, con el pensamiento.

12.- ¿Cómo te imaginas Palabras a medida dentro de un par de años?

Viento en popa. Navegando con rumbo seguro, pero no prefijado de antemano, porque quiero que la vida real y virtual me siga sorprendiendo y abriendo caminos inesperados.

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El director y el coach deben desaparecer una vez acaba su labor

El director y el coach deben desaparecer una vez acaba su labor

El trabajo invisible.

En teatro, como en arte, no cuenta el proceso sino el resultado. En un discurso sucede lo mismo. Por eso, desde mi punto de vista, es muy necesario un trabajo continuado y persistente por parte del director que quede oculto tras el resultado, sea el estreno de una obra o un discurso. El director y el coach deben desaparecer una vez acaba su labor. Un trabajo invisible. Pero antes no deben dejar nada a la improvisación para que el actor o el orador se sientan cómodos y conscientes de que han hecho todo lo posible. Un trabajo exacto y preciso, en el espacio y en el tiempo. Tan malo es subirse a un escenario sin los ensayos necesarios como lo contrario, con más ensayos de la cuenta. Ese es uno de los cometidos más importantes en un director, saber cuándo la obra está lista, o de un coach, percatarse de cuándo un discurso no requiere más trabajo. No dejar nada a la improvisación significa, aunque parezca contradictorio, estar preparado para la sorpresa, para el azar. Cada representación es distinta. Cada vez que se pronuncia un discurso, aunque sea el mismo, uno debe adecuarlo siempre al público que tiene delante.

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El origen de la palabra pintiparado y el libre albedrío

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¿Se para el mundo para que lo podamos pintar? Quien dice el mundo, dice cualquier cosa pintable a condición de que se quede quietecita; un paisaje, un frutero, o yo, en mi ya lejana niñez, cuando el fotógrafo me decía: “No te muevas ahora, que va a salir el pajarito” y me quedaba quieto como un palo, con la sonrisa congelada, el flequillo en su sitio y un atisbo de bigote que, en aquella época, los hombres llevaban afilado como el que lucía Saza haciendo de guardia civil, con remate de tricornio y, al lado, Cassen, de negro riguroso, con bonete y sotana preconciliares. A los dos, sus personajes les quedaban pintiparados. Como el libre albedrío.

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