Romper el espejo de lo previsible en un discurso

Romper el espejo de lo previsible en un discurso

Historia de un debate televisivo

 

Voy a arriesgarme un poco con la siguiente afirmación. Crear significa arriesgarse y arriesgarse implica romper de vez en cuando todos los espejos. Tener un punto de originalidad es suficiente. No hace falta ser rabiosamente original porque, entre otras cosas, es imposible. De la misma forma que la energía no se crea ni se destruye sino que se transforma, en arte nada se crea de la nada. En cierta manera todo está ya dicho pero… son tan importantes los matices, las combinaciones. En el fondo, cualquier innovación no deja de ser una variación sobre algo que ya existe.

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Cuidado con el espejo al ensayar un discurso

Cuidado con el espejo al ensayar un discurso

El espejo crea espejismos

 

Un espejo es un objeto altamente peligroso cuya actividad consiste en hacernos creer que la imagen que refleja es la nuestra. Y, en cierto modo, lo es… hasta cierto punto. Solo hasta cierto punto. Esa figura tan nítida y tan reconocible, que aparece enfrente, somos nosotros aproximadamente. Nos resulta familiar pero, ¿son realmente nuestros, esos gestos, esas actitudes, que realizamos mientras ensayamos un discurso o un parlamento? ¿Al realizarlos, no nos estamos juzgando? Y si nos juzgamos, ¿no estamos rectificándonos consciente o inconscientemente?

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Imágenes que atraviesan discursos y estallan

Imágenes que atraviesan discursos y estallan

A veces la verdad tiene doble cara, es decir, que tan cierta o verdadera puede ser una cosa como su contraria. Las frases hechas tienen sus contrafrases. Es un tópico afirmar que una imagen vale por mil palabras. Las imágenes de guerra o de desgracia colectiva, por ejemplo, son lo suficientemente demoledoras para que entren como una exhalación en nuestra conciencia y nos hagan enmudecer. Sin embargo, no es menos cierto ni menos verdadero que, con frecuencia, una palabra pueda suscitar un sinfín de imágenes. En un discurso, el uso de imágenes es imprescindible si se quiere llegar al público. Una buena imagen es capaz de atravesar de parte a parte un discurso y provocar un estallido, dándole un significado sorprendente o sintetizarlo de forma prodigiosa.

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El error-acierto en un discurso. La memoria y la inteligencia

El error-acierto en un discurso. La memoria y la inteligencia

Empezaré esta vez por la conclusión que dice así:

Si al intentar memorizar un texto para un discurso o un parlamento de teatro, hay una frase que te resulta imposible retener, por mucho esfuerzo que hayas realizado repitiéndola cien veces, comienza a pensar que la dichosa frase, o está mal construida, o es tan enrevesada, que lo mejor que puedes hacer es cambiarla por una construcción más sencilla y, si no encuentras la solución, no te preocupes. Lo único que debes hacer es estar muy atento al error-acierto que, más tarde, más temprano, se producirá. Dios escribe recto con renglones torcidos. Lo cual significa que habrá una vez en que, al equivocarte, acertarás sin saberlo, sustituyendo la frasecita de marras por otra más adecuada que, entonces sí, recordarás muy fácilmente. La memoria reparadora y la inteligencia intuitiva han vuelto a solucionar el problema.

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Memorizar un discurso. Calígula y la actriz de la melena rubia

Memorizar un discurso. Calígula y la actriz de la melena rubia

Iba yo muy contento al primer ensayo de Calígula cuando, caminando por una larga acera hacia la entrada del magnífico edificio de la Escuela Superior de Arte Dramático de Málaga (ESAD) distingo, un poco más adelante, la rubia melena de una de las actrices del numeroso elenco (veinticinco actores en escena no es moco de pavo) en quien tengo puestas todas mis complacencias. En general, mis anuencias y complacencias las tengo puestas en todos y en cada uno de los actores y actrices que componen el reparto, ya que han sido elegidos con mimo durante un dilatado proceso de selección de más de tres meses.

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El público y el discurso

El público y el discurso

Un teatro o una sala de conferencias no es un campo de batalla, el actor (el orador) no se enfrenta a ningún enemigo que no sea él mismo con sus dudas e inseguridades. El escenario no es el lugar adecuado para colocar una metralleta. Al público hay que rendirlo mediante la seducción. Por eso prefiero la expresión ponerse delante del público a enfrentarse al público. El lenguaje no es inocente.

El público y el discurso

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