Sobre la importancia de rematar el final de un texto

Si importante es saber cómo empezar un texto, más aún es escribir un buen final. De nada sirve encontrar un título atractivo y comenzar un artículo de forma cautivadora, si, conforme avanza la lectura, se va perdiendo fuelle y se termina de forma estrepitosamente mal.

¿Has visto la serie de Perdidos?

Empezó bien y mantuvo en vilo a los telespectadores durante hora tras hora, capítulo tras capítulo, temporada tras temporada. ¿Qué ocurrió? Un final que ha dado mucho que hablar, pero para mal. Es común encontrar a seguidores que han calculado hasta los minutos que han perdido de sus vidas por estar sentados viendo esta serie. ¡Unas 90 horas! Lo que hace un total de 4 días completos.

No hay nada peor para un escritor (englobo a todas las personas que escriben: periodistas, blogueros, guionistas, novelistas…) que contar una historia cuyo final deja mal sabor de boca. Como lectora empedernida que soy, tardo mucho tiempo, si es que lo consigo, en reconciliarme con el susodicho autor que ha dejado en ascuas mis expectativas. Son muchas las horas que se le dedica a la lectura de un libro como para volver a caer en el mismo error dos veces.

En cambio, suelo ser más condescendiente con los artículos de columnistas y de blogueros. Probablemente por la brevedad. No es lo mismo leer un libro e invertir 5 horas o más de tu vida en ello que leer artículos de 5 minutos o de incluso media hora. El tiempo es relativamente inferior. No obstante, hay gente más radical y, si a la tercera lectura de un artículo cualquiera el final no le convence, no volverá por la web. ¡Y lo sabes!

Las noticias ponen toda la carne en el asador en el título y en la entradilla o lead (primer párrafo que contiene la información más relevante y donde se da respuesta a las preguntas más importantes, conocidas como las 6w: qué, quién, cuándo, dónde, cómo y por qué). Lo que sucede en las noticias es que, al ir de lo más a lo menos importante, se va perdiendo fuerza porque su objetivo principal es que el lector quede informado con tan solo leer la entradilla.

Una entrada de un blog no solo debe esmerarse en el titular y en el inicio, sino también en el final.

Lo mejor es interiorizar una de las máximas en la redacción del comentario de texto: Empezar bien y acabar mejor todavía. Hay que rematar la faena, no se puede quedar el texto abierto, sino que hay que cerrarlo de forma contundente.

En ocasiones, se confunde el final de un artículo con la llamada a la acción: ¿Qué te ha parecido este post?; ¿Cómo llevas a cabo tal asunto?; Comparte si te ha gustado lo que has leído…

Lamento decirlo: Son llamadas a la acción. No finales rotundos que dejen buen sabor de boca en el lector, pues le invitan a participar realizando alguna acción.

El remate del artículo es el párrafo final. Aquí es donde realmente te la juegas. La mayoría de los párrafos finales están abiertos, incompletos y parece que al autor le ha entrado de repente la ventolera de ponerse a hacer otra cosa.

Gabriel García Márquez decía:

El final de un reportaje hay que escribirlo cuando vas por la mitad.

El final puede surgir incluso antes de escribir el artículo, a la mitad (como en el caso de García Márquez) o cuando ha pasado un par de días y, de repente, llega el remate en forma de luz inspiradora. No hay reglas para ello, simplemente se sabe: ha llegado el momento de cerrar el texto. Fin.

Algunos trucos sobre cómo escribir un buen final en un artículo:

 

  • Tiene que ser memorable.

  • El lector ha de quedar satisfecho.

  • Busca una conclusión que invite a pensar.

  • Introduce alguna frase corta y directa que resulte impactante.

  • Echa mano de las grandes citas de escritores, filósofos o pensadores.

  • Produce algún sentimiento enfrentado. La escritura es conflicto.

  • Relaciona la utilidad o la funcionalidad del tema tratado con cualquier otro asunto sin aparente conexión.

  • Termina con una broma.

  • Plantea un misterio al que haya que darle solución. Juega con el lector.

Algunos antitrucos:

 

  • Confundir la llamada a la acción con el final.

  • No cumplir con las expectativas de los lectores.

  • No rematar la faena y dejarlo abierto.

  • Un resumen del artículo. Quien ha llegado hasta el final no necesita un recordatorio y quien se ha ido saltando párrafos, no llegará al final.

  • No poner el mismo esmero en la conclusión que en el titular o en el primer párrafo.

  • Terminar siempre igual: dale vidilla a tus artículos.

Y ahora sí que sí, me despido cerrando un artículo de la forma en la que no debe hacerse. ¡Ni muerta, dejo un texto sin rematar! ¿Cómo podría tirarme horas y horas tejiendo un jersey que después no me puedo poner porque no lo he cosido?

El autor recuerda más cómo termina un artículo que cómo empieza.

Gabriel García Márquez

¿Estás de acuerdo con Gabo? Con un texto ocurre como con las relaciones: siempre se recuerdan los inicios, pero jamás se olvidan los finales.

¿Cómo te gusta rematar los textos?

 

¿Cómo llegan a ti los finales?

 

¿Se te ocurre algún antitruco?

 

 (He aquí la llamada a la acción)