Esta sección está pensada para ayudarte a escribir todos los textos que necesites. Puede ser un trabajo académico, una novela, un documento de “expongo-solicito” o una carta personal.

Todos los textos requieren una misma actitud y predisposición: sentarse a escribir.

En este caso hay varias opciones:

  • Las palabras salen solas. El texto se ajusta a la extensión necesaria o resulta más largo de lo previsto.

  • Las palabras no transmiten la idea principal ni los objetivos ni las emociones que se habían planteado.

  • No hay palabras. Tras un par de interminables horas delante del ordenador o del papel, solo hay una hoja en sucio con frases sueltas por aquí y por allá.

En ocasiones no basta con tener una predisposición a sentarse enfrente del ordenador y esperar a que las palabras salgan. La escritura se trabaja con hábito.

Por ejemplo, si se crea por placer (una novela, un cuento, un poema o una reflexión), la mayoría de las veces dependemos de nosotros mismos. En este caso, el hábito permite avanzar en la escritura conforme aumenta la creatividad.

En cambio, si escribir no es una actividad cotidiana y no sientes ese placer al realizarla, probablemente te encuentres en alguna de las dos últimas situaciones.

¿Qué se puede hacer? La predisposición a escribir se tiene, solo hace falta encontrar las palabras adecuadas y fomentar la aparición de ideas para que el proceso de creación sea más productivo.

Los 5 trucos para facilitar el proceso de escritura son:

  1. Hacer lluvia de ideas: por temas, valores, sentimientos o emociones. Puede ser sobre ideas abstractas o concretas.

  2. Recabar la información necesaria: todo aquello que pueda ser útil para el texto. Unas ideas suelen basarse en otras (investigar es divertido).

  3. Leer y subrayar la información: escribe en una hoja aparte o en un nuevo documento todas aquellas ideas que se te vayan ocurriendo mientras realizas la lectura. Es aconsejable anotar la fuente y la página. Quizá necesites dar autoridad mediante citas o repasar un nuevo punto de vista. De esta forma, el esbozo del texto estará planteado.

  4. Si tras la lectura general de este borrador surge alguna duda, contrasta la información. Suele ser muy interesante analizar el punto de vista contrario. Te ofrece argumentos y contraargumentos.

  5. El consejo que nunca dan y el más importante es dejar reposar las ideas un tiempo prudencial. Se consigue que la mente trabaje sola, que aparezcan nuevas ideas e incluso que se genere la estructura del texto. La información necesita asentarse antes de salir. Si se te ocurre cualquier idea paralela, no dudes apuntarla en un post-it, Evernote o en la nevera.

 

¡Ha llegado la hora de sentarse a escribir!

 

  1. Antes de comenzar, se debe ordenar el material y ojearlo por encima.

  2. Déjalo al lado. En cualquier momento puede hacer falta repasar la información.

  3. Relee el esbozo o borrador.

  4. Tan solo dedícate a escribir todo lo que se te pase por la cabeza. No te preocupes en este momento de la corrección. Es mejor hacerlo cuando haya salido el torrente de ideas.

  5. Deja reposar el texto unos días. El tiempo produce un distanciamiento de las palabras.

  6. Ahora es el momento de corregir. En la revisión se pule el texto, se limpian las asperezas y surgen nuevas ideas o conexiones.

 Al final, tendrás un texto bien armado y sin flecos.

¿Has escuchado alguna vez la expresión de “dar aire” para referirse a un texto?

 

¿Cómo te enfrentas a la escritura?

 

Cuéntanos tu experiencia. Nos encanta leer tus palabras