Entre la nueva profesión que ha surgido y que se llama el curador de contenidos (content curator) y que a los clientes en marketing se les califica de prospectos, no tengo muy claro si debería pedir cita al hospital para un chequeo general de la página.

Pero una vez en el hospital no sé si soy un paciente, un usuario o un cliente. Seguro que alguna vez has escuchado llamar clientes a los pacientes, pero si no se compra ni se vende nada, no le encuentro el sentido. Lo de usuario tampoco lo veo del todo claro. Veamos qué dice el DRAE:

Usuario, ria. (Del lat. usuarĭus).

  1. adj. Que usa ordinariamente algo. U. t. c. s.

  2. adj. Der. Dicho de una persona: Que tiene derecho de usar de una cosa ajena con cierta limitación. U. m. c. s.

  3. adj. Der. Dicho de una persona: Que, por concesión gubernativa o por otro título legítimo, goza un aprovechamiento de aguas derivadas de corriente pública. U. t. c. s.

Paciente. (Del lat. patĭens, -entis, part. act. de pati, padecer, sufrir).

  1. adj. Que tiene paciencia.

  2. adj. Fil. Se dice del sujeto que recibe o padece la acción del agente. U. t. c. s. m.

  3. m. Gram. Persona que recibe la acción del verbo.

  4. com. Persona que padece física y corporalmente, y especialmente quien se halla bajo atención médica.

  5. com. Persona que es o va a ser reconocida médicamente.

He aquí la pequeña trampa entre usuario y paciente. Mientras que el primero se refiere a un uso limitado y ordinario de un derecho, el segundo remite directamente al campo semántico de la medicina, persona que es atendida por los médicos y que tiene, por cierto, mucha paciencia. Este es el lenguaje de lo políticamente correcto en cuanto a las urgencias médicas. Pero resulta curioso que gran parte del léxico propio de la medicina haya inundado el marketing.

El curador de contenidos es un intermediario entre la ingente cantidad de contenidos que se publica en internet y la empresa para la que trabaja. Busca, selecciona y comparte la información más importante relacionada con su sector. El objetivo es mantener a la empresa al tanto de cualquier novedad que surja en la red en cuanto a contenidos se refiere.

Me recuerda demasiado a la labor que llevan años realizando los documentalistas. De hecho, Tomás Baiget, director de la revista El profesional de la Información, señala:

«De vez en cuando gente externa (extraña, más bien) a nuestra invisible profesión inventa nuevos nombres para referirse a funciones que ellos acaban de descubrir, sin tener ni idea de que los bibliotecarios-documentalistas las hacemos desde hace muchos años […] Desde hace cosa de un año algunos han descubierto la gran novedad de que, dada la gran cantidad de información que hay por el mundo, se necesita alguien que se dedique a seleccionarla o filtrarla, y decidieron ponerle el nombre de «information curator o data curator».

Leyendo este fragmento pienso en las características del signo lingüístico:

  • Arbitrariedad: significa que cuando el ser humano asoció una secuencia de sonidos a una palabra no había relación entre ambas. Es decir, ¿por qué mesa es mesa y no misa o musa? Un árbol tal y como se pronuncia no tiene ninguna relación con el concepto que evoca.
  • Linealidad: los signos se exponen unos detrás de otro en el espacio (escritura) y en el tiempo (habla).
  • Mutable e inmutable: es mutable porque las palabras son las que son y no pueden cambiar por acuerdo, pero a lo largo del tiempo los signos cambian. Así, el cambio en el significado de una palabra que siempre se verifica, es atenuado por la tendencia contraria.

Es absolutamente normal que la propia evolución traiga consigo palabras y profesiones nuevas, pero no tiene ningún sentido ser un curador de contenidos.

Se puede curar a alguien. CURAR es un verbo transitivo que a veces funciona como pronominal: CURARSE; yo me curo; tú te curas; yo te curo; tú me curas.

Que sea transitivo significa que necesita un complemento que lo especifique. No es como LLORAR. Cuando alguien llora está claro lo que hace y no necesita ningún complemento como en el caso de HACER. Si alguien te pregunta, “¿qué haces?” y la respuesta es “hago”, no se está diciendo nada, ya que necesita un complemento: hago el pino puente, hago una tortilla o hago los deberes.

Entonces, ser un curador de contenidos no tiene ningún sentido porque el contenido no puede curarse, tan solo las personas o los animales. La pierna forma parte de un ente con vida que es susceptible de ser curado, mientras que por ejemplo una mesa no puede ser curada, sino arreglada.

Así que si afirmo: “Me han curado el contenido del blog”, no tiene ni pies ni cabeza.  Es el típico neologismo que se toma del inglés y que algún avezado lo traduce literalmente como hace mi amado Google Translator:

la-palabra-curador-de-contenidos-no-tiene-sentido-

Remito al artículo de los 50 anglicismos de moda en internet porque hay que tener cuidado con las traducciones literales, ya que carpet en español no es carpeta, sino alfombra o moqueta (conocidos como false friends).

Y para el final he reservado la joya de la corona: PROSPECTO. Según el DRAE es:

Prospecto. (Del lat. prospectus, de prospicĕre, mirar, examinar).

  1. m. Papel o folleto que acompaña a ciertos productos, especialmente los farmacéuticos, en el que se explica su composición, utilidad, modo de empleo, etc.

  2. m. Exposición o anuncio breve que se hace al público sobre una obra, un escrito, un espectáculo, una mercancía, etc.

Investigando de nuevo he advertido que un prospecto es una persona con nombre y apellidos a la que los vendedores deben transformar en clientes.

Disculpa mi ignorancia, pero por más que miro y remiro, analizo y disecciono la palabra no encuentro la relación entre el prospecto médico ni la exposición a una mercancía o a un producto con un posible cliente.

A no ser que se trate de una persona que prueba el producto, ensaya con él y lo analiza. De esta forma muy somera puede relacionarse la segunda acepción del DRAE con el uso de prospecto como cliente potencial, ya que esta persona se expone a una mercancía o a un anuncio sobre la misma.

Tras mucho investigar, he encontrado el porqué de esta relación y vuelve a tratarse de una mala traducción del estilo a las que realiza mi queridísimo amigo Google Translator:

la-palabra-prospectos-en-marketing-

¡Claro! Prospect es perspectiva. Por lo tanto, a los clientes se les llama prospectos porque lo que les interesa a las empresas es contar con su perspectiva para vender mejor su producto. Lo que ocurre es que es una mala elección del término castellano porque prospectar es, según el DRAE:

Prospectar. (Del ingl. to prospect, este de prospect, terreno apropiado para un yacimiento mineral, y este del lat. prospectus, part. pas. de prospicĕre, mirar, examinar).

  1. Realizar prospecciones en un terreno, explorar sus yacimientos minerales.

Así que desde este punto de vista un prospecto en castellano sería la exploración  de un producto y el análisis de sus pros y de sus contras. Es decir, es una especie de crítico, analista, catador, probador…

¿Qué otras palabras propones para curador de contenidos y para prospectos?

 

¿Hay alguna palabra que te llame la atención y te gustaría que analizáramos?

 

¿Te animas a participar en la lluvia de ideas?