Una cosa es escribir y otra muy distinta es corregir textos. Se puede escribir de maravilla y tener miles de fallos ortográficos, por desconocimiento o dejadez. Se puede escribir no tan bien, pero la idea principal puede ser tan genial que las sucesivas correcciones mejorarán el texto hasta hacerlo apto para su publicación. También, se puede tener un absoluto conocimiento de las normas ortográficas, gramaticales y sintácticas que el texto resultante sea perfecto, si es que la perfección total existe, aunque le falte ritmo, esencia, vida.

Hay tantas clases de escritores, de modelos de creación de textos y de tipos de corrección como colores en el mundo, pero lo cierto es que tanto la escritura como la revisión son dos procesos complejos (entran en juego muchas capacidades). A su vez, estas actividades constituyen un aprendizaje total, minucioso, elevado. Mientras escribes y corriges, aprendes sobre ti mismo y sobre otras cuestiones sobre el lenguaje como el ritmo, el vocabulario, la sintaxis, las estructuras oracionales, la gramática, los recursos estilísticos…

Escribir y corregir puede que sean las dos actividades más efectivas en  cuanto al aprendizaje de una lengua se refiere, sobre todo, en términos de dominar absolutamente sus entresijos y vericuetos. Por ello, creo que es importante darle el puesto que se merece.

Sobre Didáctica de la escritura, podemos encontrar una ingente cantidad de manuales que nos dicen cómo y sobre qué hacerlo, cuál es la mejor planificación, qué guion o pautas seguir… En definitiva, hay todo un compendio de técnicas, herramientas y estrategias de escritura entre las que elegir para amenizar la labor y adecuarla al tipo de autor que se sea.

En cambio, apenas existen trabajos sobre Didáctica de la corrección. Sí, existen, en cambio, algunos manuales de Didáctica de la ortografía, pero están muy enfocados a la enseñanza en primaria o a la de Español como lengua extranjera (ELE). Por ello, terminan abarcando de forma insuficiente la Didáctica de la corrección.

¿Por qué creo que es importante que exista una Didáctica de la corrección? Porque somos nuestros propios maestros y discípulos. Si siempre te corrigen los textos, no alcanzarás la autonomía necesaria para revisar tus palabras y aprender de tus errores.

La Didáctica de la corrección, como la he llamado, es un proceso más lento y complejo, pero te garantizará aprender por ti mismo de tus propios errores. Por lo tanto, siempre será más efectivo.

Es un método que practico día a día con mis alumnos, porque saben lo importante que es escribir y expresarse bien. Algunos están acomplejados por sus faltas de ortografías. Son alumnos de secundaria, de bachillerato o estudiantes mayores de 25 años que quieren sacarse la Selectividad; extranjeros que necesitan dominar nuestra lengua para poder estudiar un máster o simplemente personas que quieren mejorar sus capacidades comunicativas porque saben el gran potencial que tiene hablar y expresarse de forma correcta y adecuada.

A estos alumnos jamás les doy una lista imposible de normas ortográficas para aprender de memoria. Nunca les pongo ejercicios repetitivos como que delante de be o pe se escribe eme. No les hago dictados de palabras o de estructuras imposibles ni les pido redacciones sobre temas alejados de su día a día.

Lo que me interesa es que escriban sobre temas relacionados con su vida cotidiana, gustos o aficiones, que se escuchen cuando leen en voz alta, que se fijen en si han repetido alguna palabra en el mismo párrafo, que busquen sinónimos, que amplíen el léxico y que se atrevan con estructuras más complejas. Me gusta que se pongan en tensión, en conflicto; y que arriesguen porque quien no arriesga no gana.

El proceso de Didáctica de la corrección es progresivo y, al final, terminan escribiendo textos prácticamente perfectos y adecuados a su intención y finalidad comunicativas.

¿Cuál es el proceso de la Didáctica de la corrección?

Lo primero que habría que tener claro es que con cualquier actividad de corrección se aprende más que leyendo mil manuales de ortografía. Cuando le das un texto a un corrector, si te detienes a mirar las correcciones y anotaciones, aprenderás sobre tus propios fallos más que leyendo la Nueva Gramática de la Lengua Española. Se trata de tener curiosidad y de querer mejorar. Sin esta preocupación, nada es posible, pues es el requisito imprescindible.

Los pasos de la Didáctica de la corrección se pueden resumir de la siguiente manera:

1 º: Escribe y sigue los cuatros primeros pasos de la autocorrección de un texto en 5 trucos para corregir un texto y no morir en el intento: lectura general, lectura en voz alta, lectura detenida e impresión del texto para hacer otra lectura en papel (cambiar el formato es fundamental para corregir bien un texto).

2 º: Limpiar el texto: una vez que se ha trabajo bien el documento, mis alumnos me mandan el texto. Las primeras veces corrijo directamente los fallos ortográficos como haría cualquier profesor ante un dictado con sus alumnos. En el cara a cara o en las asesorías lingüísticas mediante Skype, el alumno lee el texto en voz alta. Aquí, le señalo los titubeos al leer porque generalmente denotan fallos sintácticos y entre los dos intentamos solucionar el problema. También hago que se fijen en la repetición de palabras o de estructuras sintácticas y en el uso de las preposiciones.

Cuando entrega textos más trabajados y más cercanos a la perfección se pasa al penúltimo nivel.

3 º: Fijar el texto: en busca de la autonomía. Aquí no corrijo directamente los fallos, sino que hago marcas sobre la frase o la palabra con el objetivo de señalar que hay algún error, pero es el alumno quien debe verlo. Siempre es más fácil ver el fallo y pensarlo cuando hay una marca en la que fijarse. Pero no doy la solución ni señalo si es ortográfico, sintáctico o léxico.

La corrección del texto será trabajada en conjunto y solo cuando veo que no es capaz de encontrar la solución, muestro las posibles soluciones. Mientras tanto, doy pistas para salir airoso del enredo planteado.

Se domina este nivel cuando apenas intervengo en la revisión, salvo en casos muy excepcionales.

4 º: Dar esplendor o abrillantar: se alcanza la autonomía total. El borrador apenas tiene fallos y el alumno ya es capaz de corregirlos por sí mismo sin que apenas medie en el proceso. Empieza a plantear dudas complejas y se atreve con frases y estructuras más novedosas y complicadas. Ha alcanzado la autonomía total en su escritura y en la corrección de sus propios textos.

Como podemos observar, los pasos son el lema de la Academia: Limpia, fija y da esplendor o, como dijera mi padre, Alberto, en su artículo: limpiar, fijar y… abrillantar.

¿Una vez que se domine este proceso sería necesario contratar una corrección de textos a un profesional?

Mi respuesta va a ser sincera: depende de qué quieras hacer con el texto.

Si lo quieres publicar, sí es necesario que pase una corrección profesional. Si es un trabajo importante con el que te juegas muchísimo, como un TFG o un TFM, también te recomendaría una corrección, al menos, ortotipográfica. Si es un artículo para publicar en un periódico, revista o bitácora, sería apropiado contar con una segunda lectura y corrección de estilo, a no ser que exista un departamento encargado de ello. Que es un trabajo de poca importancia o un escrito para ti o para alguien en especial, pues quizá le daría el texto a un familiar o amigo para contar con una corrección externa.

Como todo, depende de ti y de lo que vayas a hacer con el texto.

¿Es posible un texto perfecto? ¿Con una corrección externa o profesional se logra el texto perfecto? Desde luego, habrá más y mejores oportunidades de que resulte un texto excelente porque se han jugado todas las cartas y no se ha guardado ningún as debajo de la manga. Has hecho todo lo posible y eso ya es mucho.

¿Qué te parece la Didáctica de la corrección?

 

¿Crees que es útil? ¿Cómo se podría mejorar este proceso?

 

¿Qué echas en falta en la Didáctica de la corrección?