A primera vista, parece que el corrector y el revisor podrían ser dos sinónimos de una misma profesión. Sin embargo, en traducción, son dos trabajos distintos con una misma función: conseguir un texto final de calidad. Si quieres saber más sobre este tema, no te pierdas esta entrada en la que trataremos las diferencias entre el corrector y el revisor de traducciones.

En primer lugar, comenzaremos por el papel del revisor. Su función principal es asegurarse de que se ha trasladado correctamente el mensaje del texto original al texto meta (la traducción).

Para ello, el revisor trabaja con los dos textos (el texto original y la traducción) al mismo tiempo. Así pues, lo que este hace es estudiar el texto original para asegurarse de que no hay malas interpretaciones en la traducción. Por lo tanto, el revisor será responsable de detectar todos aquellos fallos que se puedan producir por influencia del texto original, por ejemplo, los falsos sentidos o los calcos.

Asimismo, cuando se trata de textos con lenguaje especializado, también es responsabilidad del revisor asegurarse de que la terminología se ha traducido correctamente en función del tipo de texto. De este modo, se consigue que la traducción sea comprensible y natural para su destinatario.

Pero ¿quién puede ser revisor de traducciones? Pues bien, los revisores suelen ser traductores experimentados ya que, a parte de sus conocimientos lingüísticos en ambas lenguas, los conocimientos traductológicos y técnicos que han ido adquiriendo a lo largo de los años son imprescindibles para llevar a cabo esta tarea.

Por otro lado, tal y como hemos comentado al principio, se encuentra la figura del corrector. A diferencia del revisor, este solo trabaja con una lengua. Por este motivo, solo se encargará de corregir los fallos del texto traducido.  Sin embargo, esto no significa que no tenga un papel importante dentro del mundo de la traducción. Más bien, todo lo contrario.

Existen diferentes tipos de correctores, pero algunas de sus tareas principales son corregir fallos de ortotipografía y de estilo. Asimismo, cuando se maqueta un texto, son los encargados de asegurarse de que no surjan errores ortotipográficos ni desajustes en el documento.

Por consiguiente, un corrector siempre tendrá un punto de vista más alejado del texto original. Por lo tanto, aportará más calidad al texto y eliminará todos aquellos fallos de estilo y de ortotipografía imperceptibles para el traductor y el revisor.

Entonces, si un corrector no necesita el texto original para hacer su trabajo, ¿los correctores también tienen que ser traductores? Bueno, no tienen por qué serlo. En realidad, son profesionales con un nivel muy alto de conocimientos en su lengua materna y que tienen una serie de estudios y habilidades propios del mundo de la corrección.

En definitiva, aunque los correctores y los revisores sean profesiones diferentes, en realidad, todos tienen mucho que aportar a la traducción. Por este motivo, siempre deberían incluirse dentro del proceso de traducción.

Desde mi punto de vista, lo idóneo sería que las traducciones pasaran primero por manos de un revisor. Así, se eliminan todas los errores de sentido y las interferencias que puedan surgir con el texto original. Una vez hecho esto, sería el momento de que interviniera un corrector. De este modo, terminaríamos de pulir el texto y conseguiríamos una traducción con mucha más calidad.

¿Cuáles crees que son los fallos más comunes que comete un traductor?

 

¿Te gustaría saber más sobre la influencia de otros idiomas en nuestra lengua?

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