¿Qué es un texto?

Antes de desvelar el misterio sobre cuál es el antecedente literario de los textos digitales, voy a definir qué es un texto. ¿Cuáles son las características intrínsecas para que una sucesión de palabras sea considerada como un texto? ¿Depende de la extensión, de la forma, de la intención o de la finalidad?

A priori puede parecer que estas preguntas no tienen mucho sentido, pero lo realmente importante es determinar qué es un texto.

Si prefieres saltarte esta introducción, puedes bajar directamente al quid de la cuestión.

Hjielmslev decía que tanto la palabra “stop” como la novela de Cien años de soledad podían considerarse un texto. Parece que esta afirmación no nos facilita mucho la labor para la definición del texto, ¿verdad?

Un texto es una unidad, oral o escrita, superior a la oración, dotada de un significado total, formulada con unas intenciones comunicativas precisas y constituida según los principios de corrección, adecuación, coherencia y cohesión.

Esta es la definición de la Lingüística textual. A ver qué dice el Diccionario de la RAE:

Del lat. textus; propiamente ‘trama’, ‘tejido’.

  1. m. Enunciado o conjunto coherente de enunciados orales o escritos.

  2. m. Pasaje citado de una obra escrita u oral.

  3. m. por antonom. Sentencia de la Sagrada Escritura.

  4. m. Todo lo que se dice en el cuerpo de la obra manuscrita o impresa, a diferencia de lo que en ella va por separado; como las portadas, las notas, los índices, etc.

  5. m. libro de texto.

  6. m. Impr. Grado de letra de imprenta, menos gruesa que la parangona y más que la atanasia.

El significado etimológico parece arrojar más claridad al asunto: tejido. Un texto hilvana palabras, oraciones y párrafos para que obtengan un sentido completo en función de un determinado contexto. También se habrán de tener en cuenta las cuatro reglas básicas que debe cumplir todo texto para ser científicamente válido.

¿Por qué es importante definir el texto? Porque todo texto es un hecho de comunicación, es decir, hay un emisor que envía un mensaje, utilizando un código apropiado, a un receptor, y para ello tiene en cuenta el contexto y el canal de difusión. Sin lector, no hay texto. Sin lector, no hay blog.

Entonces ¿cuál es el antecedente literario de los textos digitales?

 

Se suele decir que el antecedente literario de los textos digitales es la novela Rayuela. Julio Cortázar en este libro va más allá de la broma literaria y, sin tener conciencia de su papel de precursor, pone en pie un método y una estructura divertida que, años después, constituiría el primer peldaño de los textos digitales, pues se enlazarían distintos tipos de textos o de informaciones de temática similar. He aquí la primera similitud  de los textos digitales con la novela Rayuela: la facilidad para insertar diferentes enlaces (texto, vídeo, audio…) sobre un mismo asunto o sobre temas complementarios.

¿No te ha pasado alguna vez que empiezas a jugar con un artículo en la red, pinchando y pinchando y pinchando, hasta ver a dónde te lleva? ¿Cuánto rato has podido estar navegando de un enlace a otro?

Julio Cortázar en Rayuela rompe la consecutio temporum (el desarrollo lineal de la cultura libresca) cuando señala al lector que hay tres formas de leer el texto:

  1. Lineal: si el lector lee la primera parte (Del lado de allá), ya estará enterado de la novela central, por lo que puede prescindir de la segunda parte (De otros lados).

  2. Intercalada, según el orden propuesto por el autor: los capítulos de la novela se complementan con los prescindibles.

  3. Sin orden, como el lector prefiera.

De hecho, Giovanni Sartori en Homo Videns afirma que el hipertexto no tiene consecutio y que el lector puede recorrerlo en el orden que prefiera, y que este normalmente será sin orden. He aquí la segunda similitud de los textos digitales con la novela Rayuela: la lectura en diagonal. ¿De verdad que todo lo que se comparte en las redes sociales ha sido previamente leído? ¿O se comparten artículos para guardarlos y leerlos más tarde, o por el titular llamativo?

El tercer punto de similitud de Rayuela con los textos digitales será el papel activo que adopta el lector que, sin duda, se ve ampliado por las facilidades de interrelación que permite la red: los comentarios a través del blog o de las redes sociales. Es la primera vez en la historia de la humanidad que la audiencia, el público, el lector o el oyente tiene tantísima capacidad de interactuar con el autor y con el texto.

Mira lo que dice Cortázar con respecto al lector:

“Intentar, en cambio, un texto que no agarre al lector pero que lo vuelva obligadamente cómplice, al murmurarle, por debajo del desarrollo convencional, otros rumbos más esotéricos”.

Desde luego, no consigue agarrar al lector, pero sí que lo atrapa por simple atracción, gracias a la diferente disposición textual y a las múltiples posibilidades de elección que permite su lectura.

Quizá sea el momento de redefinir el concepto de texto o quizá tan solo haya que volver a su significado originario: un texto es un tejido de palabras, frases, párrafos e informaciones que tiene un sentido global y completo. Yo, por ahora, me quedo con esta definición y la madeja de lana a la que aludía Pessoa en su Libro del desasosiego:

vivir (escribir) es hacer punto de media con una intención de los demás. Pero, al hacerlo, el pensamiento es libre, y todos los príncipes encantados pueden pasear por sus parques entre zambullida y zambullida de la aguja de marfil de pico al revés. Punto de ganchillo de las cosas… Intervalo… Nada…

 

¿Te imaginabas cuál podía ser el antecedente de los textos digitales?

 

¿Encuentras otras semejanzas entre la novela y los artículos en la red?