¿Cuál es el origen del mito de las mayúsculas inacentuadas? La Real Academia de la Lengua se ha quedado afónica de repetir por activa y por pasiva lo siguiente:

CAPÍTULO III USO DE LAS LETRAS MAYÚSCULAS

3.1 Consideraciones generales

Siempre que se escriba con mayúscula, habrá que tener en cuenta las consideraciones siguientes:

3.1.1. El empleo de la mayúscula no exime de poner tilde cuando así lo exijan las reglas de acentuación (véase cap. IV). Ejemplos: Álvaro, SÁNCHEZ

CAPÍTULO IV ACENTUACIÓN

4.10. Acentuación de letras mayúsculas

Las mayúsculas llevan tilde si les corresponde según las reglas dadas. Ejemplos: África, PERÚ, Órgiva, BOGOTÁ. La Academia nunca ha establecido una norma en sentido contrario.

Incluso la RAE responde por Twitter que el uso de la mayúscula no exime de poner tildes y que nunca ha dicho lo contrario.

Me gusta indagar el porqué de las cosas, sobre todo, si forman parte de un mito o de una leyenda urbana. Es interesantísima la historia.

La imprenta fue inventada o, mejor dicho, mejorada por Gutenberg allá por el año 1440 en Alemania. En aquella época no se contaban con los adelantos actuales.

La imprenta de aquel entonces estaba compuesta por una gran plancha de impresión sobre la que se colocaba una prensa que hacía de soporte a los tipos móviles (cada letra mayúscula o minúscula y cada signo de puntuación). El verdadero invento de Gutenberg fue la creación de los tipos móviles de plomo dejando atrás las tablillas de madera que se desgastaban por el uso.

Si, por ejemplo, quería  Gutenberg imprimir La Biblia (cosa que hizo en un largo y prolongado tiempo) tendría que colocar uno a uno los tipos móviles en el lugar adecuado con sus respectivos espacios. Era, sin duda, una ardua tarea la edición. Imagina que se colaba una letra de más, que había una alteración en el orden o que faltaba alguna. El pobre editor tenía que volver a recolocar toda la página impresa previamente.

¡Una historia realmente apasionante donde las haya! Pero a continuación señalo los dos posibles orígenes del mito de las mayúsculas inacentuadas.

MITO 1

 

Los editores renunciaron a poner los acentos a las letras capitales porque solían romperse o solaparse con las grafías. En realidad, este problema solo se daba al principio de las páginas, en las primeras líneas. Pero, si no se acentuaban las mayúsculas en las tres o cuatro primeras líneas ¿para qué hacerlo en las demás? Se rompía el equilibrio formal de la página.

Después llegaron los sistemas de impresión modernos por planchas, que ya no utilizaban los tipos móviles de Gutenberg  y ya se pudieron acentuar las palabras sin ningún problema.

Como nota complementaría, el periódico El País no empezó a acentuar las mayúsculas de su cabecera hasta el año 2007, alegando lo siguiente en El Libro de Estilo: «Como licencia gráfica, la cabecera de EL PAÍS y las de sus suplementos no llevarán acento ortográfico cuando vayan compuestas por el tipo de letra utilizado para la marca registrada -la Claredon Medium-, pero sí en los demás casos«.

MITO 2

 

Con la llegada de las máquinas de escribir se democratizó la escritura y se empezó a crear contenido de forma más rápida. Darle a la tilde, pulsar la tecla de la mayúscula y a continuación a la letra deseada, convertía la acentuación de mayúsculas en un auténtico suplicio, aunque menor que en la época de Gutenberg.

No obstante, en muchas ocasiones los tipos (letras o signos) de las máquinas de escribir no contemplaban el espacio de los acentos y deformaba la letra. Pero ¿y si te equivocabas? ¿Qué ocurría? Un espacio en blanco, una letra + tilde + letra o una tilde + letra o una letra tachada por una tilde dislocada.

´A Á A´

Cam´ion camio´n Camion

He de reconocer que, cuando quise aprender mecanografía, la acentuación de las mayúsculas me jugó más de una mala pasada. ¡Y los ordenadores cayeron como agua de mayo! Una auténtica bendición para el proceso de escritura, de creación y de acentuación. Ahora, se puede reescribir sin tener que pasar toda la página a limpio por un par de erratas.

¿Te acuerdas de cuando escribías a máquina?

¿Conocías los dos supuestos orígenes de esta leyenda urbana?