Bastardo viene de bastard, o sea, que el origen de la palabra bastardo es muy francés. Bastard como clochard, placard, pétard, Roncard, Ronsard etc, dicho sea esto con todos mis respetos a la cartesiana Francia, y más ahora que están los gabachos apesadumbrados y muy tristes por haber sufrido recientemente una derrota ignominiosa, en propio suelo, a pies de mi querida Portugal, en la final del campeonato de Europa de selecciones de fútbol.

Vamos a tener, pues, un poco de miramiento con este equipo, integrado en gran número por ciudadanos franceses negros, que se batieron como tales practicando un fútbol patatero como el de sus rivales lusitanos. Negros y en blanco se tuvieron que quedar los hinchas parisinos al comprobar que no podrían levantar la copa cuando el golazo de un portugués, negro también, resultó definitivo en la prórroga.

¿Enmudecidos?… ¡De ninguna manera! porque lo propio de un partido de fútbol donde la pasión y la bebida reinan exultantes, es insultar a granel a los contrarios y a los propios, si no son capaces de compensar o paliar mediante el penetrante gol las carencias afectivas, laborales, sociales, económicas, ¿sexuales? de una parte del gentío, transformado en chusma y griterío cuando no se le contenta. Entonces lo más probable es que el personal, enfurruñado, lance bananas, petardos, botellas y lo que encarte, así como entone con frenesí beodos cantos vejatorios y también profiera improperios entre los que destacan sobremanera los de “hijo de puta y cabrón” y demás lindezas, como dirigirse explícitamente al jugador nefasto mentándole a su esposa infiel y muy asequible, por lo tanto, a cualquier demanda sexual de cualquiera.

Hay que reconocer que, en esto de los insultos, hay poca originalidad. Casi todos tienen la cópula como medio para zaherir al contrario. El avispado lector o lectora, todos sin distinción de sexo, se habrá percatado de que estoy tirando de vocabulario pulcro y fino. Esto es porque me estoy entrenando para contribuir al insultario general con una caterva de adjetivos muy molestos, pero no por ello soeces.

Por ejemplo, dado que el oficio del jugador de fútbol es darle patadas a un balón, adornado casi siempre con tatuajes en el cuerpo y luciendo peinados rocambolescos, ya frailunos, ya arapajoes, habría que proveer a la masa vociferante con insultos que aludan directamente a la falta de habilidad del jugador en el manejo de su herramienta.

Ya que todo reside en el pie, he aquí una escogida selección: cojo, cojuelo, renco, rengo, patoso, cojitranco, piernicorto, piernas, patachula, flojo de remos.

En cuanto a la condición moral, se podría insultar mediante: felón, facineroso, barbián, villano, vil, rufián, pérfido, bergante, desgraciado, deshonesto, impúdico, obsceno, sórdido…

Y en cuanto a las relaciones sexuales, no estaría mal insultar con: cornudo, cornúpeta, astado, poliastado, hijo de mala madre, tu madre es una ramera, meretriz, prostituta, ninfa, lumia, zorra, pelandusca, pelleja… y tú, por consiguiente es muy posible que además sea un bastardo.

Y ya que estamos en este punto, hay quien dice que la palabra no es exactamente francesa sino alemana, del germánico bansti, “granero”, es decir, nacido en mala cuna, de origen no recto, como Dios manda, sino de coyunda ilícita, desviada, inclinada, con lo que directamente conectamos con la letra bastardilla, llamada así precisamente porque no está recta como mandan los cánones, sino echada hacia el lado derecho.

Alemana o francesa… qué más da, el caso es que hiera y vitupere como es debido. (En esto de los orígenes de las palabras hay mucha bastardía. Todo el mundo echa el muerto al vecino. Así sucede con la sífilis, enfermedad de muchas cunas, pues es conocida como mal gálico, o sea francés, mal napolitano, alemán, español, si bien ha triunfado el mal gálico – merecido se lo tienen por hacer tanta ostentación con el l´amour, Loulou c´ést moi y demás cursiladas-).

Como cosa anecdótica, hay una vela llamada “vela bastarda” que es la vela mayor propia de los buques latinos. Dicho así, no tiene ningún sentido. El sentido lo empieza a poner la definición de vela que dice el DRAE que es:

“Conjunto o unión de paños o piezas de lona o lienzo fuerte, que, cortados de diversos modos y cosidos, se amarran a las vergas para recibir el viento que impele la nave”.

Y que nos lleva directamente a la palabra verga de la cual el DRAE, muy lacónico, da el primer significado: “Pene”.

Blanco y en botella.

¿Qué te ha parecido el origen rocambolesco de la palabra bastardo?