La verdad es que me trae por la calle de la amargura el origen de loco y su correspondiente locura y no habiéndolo buscado, me doy cuenta que estoy escribiendo en pareados. Aquí acabo, no sea que me vuelva loco el hado por mentecato. ¿A quién se le ocurre buscar el origen de un vocablo tan complicado? A ver si me voy a volver loco de verdad. No es la primera vez que alguien, empachado de letras, ya sean escritas por mano propia, ya leídas con sus propios ojos, se le reblandecen las meninges y acaba atacando molinos de viento como si fueran gigantes o haciéndose armar caballero en alguna venta de camino atestada de rufianes y rufianas.

¡Mira que la palabrita es simple: tres letras con la O repitiéndose en las dos sílabas lo-co, tan fácil de pronunciar! Pues nada, cuando he ido a buscar su etimología en diferentes diccionarios reales y virtuales, ganas me han dado de salir corriendo diciéndome a mí mismo:

“¿Dónde te has metido, bribón? Creías tú que te ibas a pasear tranquilamente por un jardín cartesiano, hecho a tiralíneas, con el origen de la palabra loco destacando como una flor exótica, en medio de la verdura, para que, arrancándola suavemente, orgulloso te la pusieras en el ojal y resulta que, nada más entrar, no sabes salir, porque lo que parecía un jardín se ha convertido en un laberinto oscuro y tenebroso como el que aparece en la película El resplandor, dirigida por el genial Kubrick y basada en la novela homónima de Stephen King.”

Lo fácil es acudir a nuestra mater et magistra, el latín clásico, buscar la ele e irse directo a una palabra parecidísima, locus. Lo malo es que locus no significa: “loco” sino “lugar, sitio”, y loca no es el femenino de loco sino el plural y significa: “los lugares, los sitios”. Así que mi gozo en un pozo. Un falso amigo como tantos los que hay en latín y en inglés. Mucho cuidado con traducir stare loca como “estar loca”, que es lo primero que se nos vendría a la cabeza, porque lo suyo es traducirlo por “permanecer en el sitio”.

Muchos fueron los libros, con afán de burla y risa, escritos en mi época grecolatina de instituto, a base de traducciones macarrónicas de textos de César, que era el autor más facilito con el que nos iniciábamos en la jerga romana antigua. Proverbial era El bello Gálico macarronizando su De bello gallico, más conocido como La guerra de las Galias. En fin.

El caso es que por ahí no hay nada que hacer. El gran etimólogo catalán, Corominas, tras dar vueltas y revueltas con palabras castellanas, catalanas, vascas e italianas, más o menos parecidas, sentencia que no hay ninguna que le convenza, inclinándose por laucus, una palabra de base hispánica prerromana de origen desconocido. O sea, nada.

Lo único cierto es que solo el portugués, en tanto que lengua romance, tiene una palabra muy parecida al castellano, louco, loucura. En francés es fou, folie y en italiano pazzo, pazzia o follia…

Lo cual me da alas para avanzar lo que, en mi  humilde opinión, es el origen más lógico de loco. Ya sé que a menudo la lógica no tiene nada que ver con la etimología como tampoco, por desgracia, el sentido común tiene que ver con la justicia. Antes de todo debo señalar que al principio he hecho un poco de trampa. Quiero decir que estaba tan seguro de la etimología que, cuando me introduje en los diccionarios, mi ánimo era comprobar dicha intuición. Cuál sería mi sorpresa cuando, por mucho que indagué, no la pude comprobar por ningún lado.

Porque mi intuición estaba seriamente apoyada y respaldada en mi trato con la locura. No, no estoy loco y cada vez tengo menos probabilidades de estarlo por lo que a continuación voy a explicar. En mi vida he conocido muchos locos con una característica común, locos anónimos que he visto por la calle, caminando deprisa o sentados en un banco del parque. Todos se caracterizaban por su locuacidad. Hablaban solos continuamente, de forma bastante compulsiva, a veces a grandes voces, otras en un susurrro infinito, mirando al cielo o a alguien imaginario o sencillamente al móvil. Lo del móvil es más relativo por cuestiones obvias. Lo que ya no resulta relativo es la irlandesa que va día sí, día también, al bar de la esquina donde suelo ver el fútbol. Habla sin parar con el móvil o cuando alguien se le pone a tiro… y si no hay nadie o se ha fundido la batería, se pone a hablar consigo misma en un tono bastante alto, lo suficiente para que mi oído capte su perfecto acento. O sea, que no hay la menor duda de su loca locuacidad. A veces voy al bar, cuando no hay fútbol, solo para ejercitarme en la traducción automática. Un potosí.

También tuve la fortuna de conocer a un excelente actor español de verbo florido y excesivo quien, golpeándome en la espalda, quiso indagar sobre un percance que le ocurrió mientras daba una conferencia de prensa a la que asistí. Ya traía su fama puesta. Lo único que hice fue mantener con él una amena conversación donde se explayó cuanto quiso y yo le felicité por su interpretación de Don Quijote, diciéndole que no había nadie mejor que él para encarnar a nuestro manchego universal. El locuaz histrión se mostró muy agradecido y muy sorprendido poco después cuando le informé de la definición de Foucault sobre don Quijote: “Una grafía andante”.

Don Quijote enloquece de tanto leer libros de caballería y el protagonista de El resplandor es un escritor que se refugia con su mujer y su hijo en un hotel atestado de fantasmas.

Don Quijote lee cosas como: “La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura” y Jack Nicholson escribe cientos de veces en su máquina: “No por mucho madrugar amanece más temprano”, un poquito antes de cargarse con un hachazo al negro e irse después a por su aterrada familia.

Verborrea al cubo. El loco es un ser verborreico. También lo es Hamlet. Todos pronuncian largos discursos, muchos de ellos llenos de buenas razones, aunque lo importante es darle a la húmeda sin parar. Locuacidad, locuaz, locución, elocución, locutor, locutorio, todas estas palabras tienen un tronco común; el verbo latino loquor que significa “hablar” y ese es, en mi opinión, el origen más sensato y cercano.

¿A ti, qué te parece?