¿Se para el mundo para que lo podamos pintar? Quien dice el mundo, dice cualquier cosa pintable a condición de que se quede quietecita; un paisaje, un frutero, o yo, en mi ya lejana niñez, cuando el fotógrafo me decía: “No te muevas ahora, que va a salir el pajarito” y me quedaba quieto como un palo, con la sonrisa congelada, el flequillo en su sitio y un atisbo de bigote que, en aquella época, los hombres llevaban afilado como el que lucía Saza haciendo de guardia civil, con remate de tricornio y, al lado, Cassen, de negro riguroso, con bonete y sotana preconciliares. A los dos, sus personajes les quedaban pintiparados. Como el libre albedrío.

Muchos pajaritos salieron de las fotografías de mi infancia antes de que viera una película española extrañísima, donde todos los personajes decían unos parlamentos rarísimos, que interpretaban de manera tan natural, como cuando mi madre me mandaba a comprar un cuarto de kilo de galletas de coco y nata, Artiach, que Isidro, el dependiente, envolvía en un  cucurucho de papel de estraza a su libre albedrío.

En aquella película, de título aparentemente coloquial, Amanece que no es poco, se decían palabras muy poco coloquiales hoy en día. Una de ellas era pintiparado. No me acuerdo si aparecían asimismo patidifuso o capitidisminuido, pero ambas hubieran quedado pintiparadas con el surrealismo campechano y campestre que la película de Jose Luís Cuerda estilaba. (Lo único normal en la película era el nombre del director, porque los apellidos de algunos actores eran muy peculiares: Sazatornil, Saza, y Cassen, por seguir con el tricornio y la sotana).

Pintiparado viene del verbo pintiparar que aparece en el diccionario virtual de la Real Academia con dos acepciones:

  1. adj. Dicho de una cosa: Que viene adecuada a otra, o es a propósito para el fin propuesto.

  2. adj. Parecido, semejante a otro, que en nada difiere de él.

Nada dice acerca de su origen, que es lo que a mí me interesa, como tampoco dice nada el diccionario de doña María Moliner, que ese sí lo tengo, físicamente presente, al alcance de la mano, o sea, pintiparado para cogerlo con facilidad y rapidez a mi libre albedrío.

Así que no tengo más remedio que irme directamente al diccionario de latín, que forma pareja inseparable con el de griego, como si fueran una unidad de destino entre un cura y un guardia civil en un pueblo donde todo el mundo se conforma con que amanezca.

Lo de pinti– es evidente que viene de pictum, participio del verbo pinguere, “pintar”. (La primera persona es pingo, pero no tiene nada que ver con la española pingo de está hecha un pingo, pingajo y pinga, que tienen un origen distinto).

Así que me voy a la otra parte –parado y ahí me encuentro la sorpresa. Cuando dije antes que me iba al diccionario latino, no lo dije yo en plan “a ver qué me encuentro, a mi libre albedrío”, como el que sale un domingo de los de antes a la plaza de la ciudad de provincias donde nací a ver si ligaba, que no ligaba nunca. Yo llevaba ya un trasunto, un tanto desencaminado pero no del todo equivocado. El trasunto era el verbo paro-parare que significa “preparar”. De ahí viene preparación, preparativo, preparador, preparatorio etc.

Pintiparado podría significar entonces algo así como “preparado para pintar” o “pintado y preparado”, que es lo que me dijo, justo esta mañana, un operario que estaba pintando la puerta metálica de un aparcamiento público que llevaba cinco años parado por la crisis. Al pasar le pregunté:

-¿Qué, ya está todo preparado para que nos claven por aparcar?

Y él, sin cortarse un pelo, me respondió:

-Ya está todo pintiparado.

¡Uy, perdón, que me he equivocado! Nada extraño porque, al consultar el verbo paro, viene la sorpresa de que debajo viene otro paro, desconocido para mí, con el número dos delante, también de la primera conjugación, y que significa: “igualar, equiparar, poner de acuerdo”.

Idos ahora líneas más arriba, concretamente a la definición de pintiparado del diccionario de la Academia y podréis comprobar que el verbo latino paro 2 se ajusta como un guante a la definición, le viene pintiparado, forma un equipo. (¿Tendrá que ver equiparar con equipo, donde todo el mundo se tiene que adaptar e igualarse?) Un equipo, una unidad de destino en el surrealismo rural como la que forma la inmortal pareja de Saza y Cassen en Amanece que no es poco.

Y a propósito. ¿De dónde vendrá la palabra albedrío? Porque, ¡mira que es rara!

 

¡Tranquilos, que ya amanecerá!

 

¿Qué te parece el origen de la palabra pintiparado?