La escritura persuasiva no es una actividad novedosa

 

La argumentación es una modalidad textual cuyo objetivo es alegar razones para convencer y persuadir al lector o, al menos, influir en él para que modifique su pensamiento o para que realice una determinada acción. Por ello, el origen del copywriting (escritura persuasiva) se encuentra en la argumentación.

Los textos publicitarios son altamente argumentativos porque pretenden captar la atención del lector, crearle una necesidad de consumo y apelarle para que lleve a cabo cierta acción: la compra de un producto o de un servicio, el cambio de alguna rutina (por ejemplo, los hábitos saludables), la toma de conciencia con alguna causa social (violencia machista, proxenetismo o desigualdades en la infancia)…

El copywriting es un tipo de escritura persuasiva que intenta guiar al lector para que realice una determinada acción:

  • Que proporcione su correo para apuntarse a la lista de suscripción.
  • Que realice la compra de un producto o de un servicio.
  • Que comente en los artículos de la bitácora.
  • Que comparta las publicaciones en las redes sociales.

Pero conseguir todo esto no es moco de pavo. ¿Se puede convencer sin ser pesado? Por supuesto, el lenguaje, que nunca es inocente, presenta la oportunidad de ser persuasivo sin serlo en apariencia.

Convencer y apelar a la acción no son sinónimos de gritar las ventajas o la excelencia como marca ni tampoco de dar órdenes directas. Mensajes como tuitea esta frase; comparte la publicación; cómpralo ya; o dame un me gusta; funcionan mejor cuando constituyen una excepción a la regla.

La novedad para que sea considerada como tal ha de ser fortuita y ocasional.

Si día sí y día también, hay una oferta única, limitada en el tiempo y eventual, se pierde confianza y credibilidad.

Si día sí y día también, se escribe el mejor artículo del mundo y se pide el favor que sea compartido, se pierde notoriedad.

Si día sí y día también, las cadenas ponen anuncios de más de 20 minutos, se pierden telespectadores porque se produce el apagón televisivo o la migración a las cadenas de pago.

Si día sí y día también, se reciben miles de mensajes cortados por el mismo patrón, se produce una inmunidad mediática.

Si día sí y día también, las noticias en televisión son cada vez más escabrosas, se genera una anestesia ante el dolor y el sufrimiento.

Si día sí y día también… puede ser interminable la lista.

¿Cómo evitar las típicas fórmulas y estrategias para llamar la atención del lector?

 

1.- Originalidad: IKEA con el anuncio de las denuncias de las terrazas por parte de los amigos de las mismas vendió el producto que quería sin decir en ningún momento: ¡COMPRA YA! (Ver anuncio).

2.- El santo equilibro: no hace falta tener veinte llamadas a la acción ni repetirla ochenta veces. Con unos textos bien escritos y una llamada clave bien situada se convence más que queriendo persuadir. Se trata de guiar el paseo y la lectura hacia el punto exacto.

3.- La lectura entre líneas: hay que ser claro, conciso y directo con el mensaje que se desea transmitir. No obstante, una página web es un conjunto orgánico donde todos los elementos cumplen una función y a veces se dice mucho sin necesidad de soltar palabra. Hay cosas que simplemente se perciben. Recuerda que menos siempre es más.

4.- Calidad: un trabajo bien realizado se difundirá prácticamente solo. El correveidile o el boca-oreja hará que tu proyecto brille por sí solo. (Aunque puede tardar un poco más).

5.- Pide solo cuando sea necesario, pues también el mensaje se desgasta de tanto usarlo.

6.- Rompe las reglas de vez en cuanto y sorprende a los lectores. Permítete el lujo de escribir para los humanos y no para las máquinas (los buscadores), plantea un juego o un problema que puedan solucionar por medio de lluvia de ideas, muéstrate cercano y próximo, escribe sobre alguna experiencia o anécdota… Las posibilidades pueden ser infinitas.

7.- Invita a leer, a pensar y a tomar una decisión. En este caso siempre pienso en la regla de oro de la seducción:

Más vale insinuar que enseñar.

Una gran lección. ¿Qué es si no el copywriting o la escritura persuasiva más que el arte de dominar la seducción? Sería como el previo y el desarrollo de una cita:

  • Las palabras son la vestimenta, los abalorios y el maquillaje.

  • Los espacios en blanco son los símbolos y los guiños.

  • La lectura entre líneas y las palabras no dichas son la insinuación y la seducción.

     

¿Pones en práctica el arte de la seducción en la escritura?

 

Nos encantará leer tus palabras