Donde los correctores automáticos pierden ventaja frente al ojo humano

Los procesadores de textos y los correctores automáticos son útiles. Nadie dice lo contrario. De hecho, en muchas ocasiones, señalan fallos, por ejemplo de concordancia, que pasan desapercibidos al ojo humano.

Un ejemplo sería:

La manada de lobos atravesaron el monte rápidamente*.

Normalmente, cualquier procesador marcará en azul el verbo en plural, ya que debe ir en singular al tratarse de un sustantivo colectivo.

La manada de lobos atravesó el monte rápidamente.

Por lo tanto, la palabra subrayada en azul nos está avisando de que hay algo mal en cuanto a concordancia. El ojo se detiene en la marca, fija la vista en el posible fallo, encuentra la falta y la corrige. Estamos predispuestos a encontrar el error.

Entonces ¿cuál es el papel del corrector de textos en este mundo informatizado?

Voy a poner un ejemplo que no ha sido interpretado como fallo por el procesador de textos ni corregido por el corrector automático:

En muchas ocasiones, señalan fallos de concordancia que pasa desapercibido al ojo humano.

¿Cuál es el error? ¿Lo has visto? ¿Estás seguro de que hay un fallo? Siempre resultará más sencillo encontrar el fallo cuando se señala de forma explícita por medio de alguna marca o cuando se ha avisado previamente de que existe un error. Es como el juego de las 7 diferencias. Nos dan dos imágenes, a priori, iguales, pero con algunas diferencias. Entonces, el ojo y el cerebro se centran en encontrar las disonancias y relegan al olvido las similitudes.

Podría poner captura de pantalla, pero voy a explicar cómo y por qué el procesador de textos no ha señalado el error de concordancia o, mejor dicho, los errores porque hay dos.

1.º: Tenemos un sujeto omitido en tercera persona del plural (se sobrentiende por la frase anterior y el contexto que nos referimos a los procesadores de textos y a los correctores automáticos).

2.º: El predicado verbal (SV-PV) es el resto de la frase y tiene como núcleo al verbo “señalan”.

3.º: Señalar es un verbo transitivo que exige complemento directo (CD): “fallos de concordancia que pasa desapercibido al ojo humano”. El núcleo de este  CD será “fallos” que está concretado por un complemento del nombre (CN): “de concordancia”.

4.º: Después, tenemos una proposición subordinada adjetiva especificativa introducida por el pronombre relativo “que”: “que pasa desapercibido al ojo humano”.

5.º: He aquí el fallo garrafal del procesador de textos y del corrector automático y es que interpretan como antecedente de esta subordinada adjetiva el CN, “de concordancia”, que está en singular, y no al núcleo del CD, “fallos”, que está en plural.

Efectivamente, se podría considerar esta frase ambigua. Y hay dos opciones, pero en ambas han fallado el procesador de textos y el corrector automático:

1.ª OPCIÓN:

Si se considera que el antecedente es el CN (la concordancia), hay un fallo en cuanto al género:

En muchas ocasiones, señalan fallos de concordancia que pasa desapercibido al ojo humano.

Voy a pasar la subordinada adjetiva a oración simple:

La concordancia pasa desapercibido al ojo humano.

¿Cuál es el error? ¿Dónde está y por qué es un fallo?

En el adjetivo “desapercibido” porque es un complemento predicativo, que siempre concuerda en género y en número tanto con el sujeto como con el verbo.

La concordancia pasa desapercibida al ojo humano.

El enunciado completo quedaría así:

En muchas ocasiones, señalan fallos de concordancia que pasa desapercibida al ojo humano.

¿Qué quieres que te diga? A mí me sigue sonando mal. Hay algo que no me cuadra. No es un fallo sintáctico como el de antes, solo que no hay correspondencia con lo que yo quería expresar. No está en consonancia con mi intención comunicativa.

2.ª OPCIÓN:

Será la de considerar como antecedente al núcleo del CD (los fallos). Por lo tanto, se dan dos errores de concordancia:

En muchas ocasiones, señalan fallos de concordancia que pasa desapercibido al ojo humano.

Si paso la subordinada adjetiva a oración simple:

Los fallos de concordancia pasa desapercibido al ojo humano.

Aquí, el procesador solo me marca como fallo el adjetivo “desapercibido”, pero no el verbo.

El enunciado correcto sería:

Los fallos de concordancia pasan desapercibidos al ojo humano.

Esto es, exactamente, lo que yo quería expresar. Es decir, que los fallos son los que pasan desapercibidos y no la concordancia en general.

Semánticamente para rizar el rizo, diré que los fallos o los errores sí pueden ser captados por el órgano visual y que la concordancia establece relaciones de sentido. ¡Dudo mucho de que una máquina sea capaz de crear relaciones de sentido –más ligadas a la coherencia y a la semántica, que a la cohesión, un concepto más sintáctico–!

Otro gran problema de los procesadores de textos es cuando corrigen automáticamente fallos que no son tales. El ojo avizor y entrenado en estos menesteres sabe que automáticamente van a cambiar la forma adecuada por la incorrecta. Entonces, se dispone a solventar el error inocente de estos procesadores de textos con corrección automática.

¿Que qué me has dicho?

Esta es la típica frase que los correctores automáticos se empeñan en corregir una y otra vez, poniéndole tilde al primer qué y señalando como error el segundo. La frase está correctamente escrita, pero hay que hilar muy fino para que el procesador no obedezca la orden por la cual todo “qué”, encuadrado entre los signos de interrogación, se acentúa.

Es aquí donde los correctores automáticos pierden ventaja frente al ojo humano, siempre más sutil y entrenado para captar el fallo, el matiz, el doble sentido, la connotación, el lenguaje figurado, la excepción, el error consciente.

Los correctores automáticos y los procesadores de textos son máquinas que siguen unos parámetros numéricos, probablemente en forma de binomio (sí o no; correcto o incorrecto), pero nunca serán capaces de salir de ese pensamiento lineal y de abrir los brazos, o el teclado y el ratón, al pensamiento abstracto propio del ser humano.

Quizá por todas estas razones, el papel del corrector de textos será el de revisar y solventar los fallos inadvertidos tanto por las máquinas como por los seres humanos.

Como siempre decimos, dos pares de ojos, dos procesadores y dos correctores automáticos de textos siempre verán más que uno solo.

He de retirarme, pues con tantos fallos conscientemente buscados he logrado confundir a mi procesador de textos y a su corrector automático. ¡Ya no saben lo que está bien ni lo que está mal!

¿Crees que es necesaria la figura del corrector de textos cuando existen correctores automáticos?

 

¿Cuál crees que es el papel del corrector de textos en este mundo informatizado?

 

 

 

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