Si dijera que nos sentamos frente al ordenador el tiempo que haga falta y que nos ponemos a corregir como bellacos, no andaría muy desencaminada, pues la base, desde luego, es esa: sentarse, corregir, consultar dudas, leer, revisar y releer hasta que el texto esté pulido. No sé cómo corrigen otros profesionales del gremio, pero nuestro proceso me gusta porque lo hacemos agradable y divertido.

El primer paso en el proceso de corrección de textos es acordar con el autor qué tipo de servicio necesita: si una corrección ortotipográfica o una corrección de estilo. Para que no quepa la menor posibilidad de duda, le explicamos la diferencia entre ambas y le remitimos a sendos artículos que versan sobre la materia.

El segundo nivel es presupuestar el trabajo mediante el cálculo de las matrices, pues siempre resultará más económico para el cliente que hacerlo por palabras o por páginas. También, en este sentido contamos con un artículo que explica perfectamente qué son las matrices y cómo se calculan.

Una vez que el trabajo está presupuestado y aceptado, llega el momento de cerciorarnos sobre varios aspectos de vital importancia.

1.º Desde la Ortografía del 2010 no se acentúan los pronombres demostrativos (este, esta, esto) ni el adverbio “solo”. Sin embargo, hay miembros pertenecientes a la institución de la Real Academia Española, como Pérez Reverte y Javier Marías entre otros, que han puesto de manifiesto, públicamente y de forma reiterada, su oposición a tal decisión y esgrimen que, por cuestiones de estilo personal, prefieren contravenir las normas, ya que la ausencia de acentuación no evita la ambigüedad de estas palabras en ciertos contextos. Esto que a priori puede parecer una nimiedad conlleva que, aún en algunos sectores de la sociedad, se crea que la RAE a este respecto sigue recomendando un uso u otro, pero que deja libertad a los ciudadanos para que sigan sus propios criterios. ¡Nada más lejos de la realidad! En la actualidad acentuar estas palabras constituye un fallo ortográfico.

Nuestro trabajo como correctores es seguir las normas a rajatabla, pero si el autor prefiere contravenirlas por decisión personal no podemos hacer nada al respecto, salvo seguir su criterio y advertirle del error, siempre de forma muy educada y cortés.

2.º Generalmente, trabajamos sobre el mismo documento que el cliente nos remite. No obstante, siempre damos la opción de elegir si prefiere que se modifique directamente el texto o que se señalen los cambios mediante un sistema acordado con anterioridad. En este sentido, contamos con una leyenda de corrección por colores: las tildes van en verde; los signos de puntuación, en amarillo; las palabras repetidas, en gris; las posibles soluciones, en rosa; las dudas, en azul (sobre esto hablaré luego más detenidamente); las redundancias se tachan, etc.

La leyenda de corrección es un mecanismo muy eficaz, pues a simple golpe de vista se observan todos los cambios realizados. No hay una leyenda universal, sino que cada trabajo necesita la suya propia. Si la corrección es ortotipográfica y observamos algo referente al estilo (por ejemplo, una frase que no se entiende), no podemos jamás modificarlo, pero sí señalarlo para que el autor se percate de ello.

3.º Insistimos en que nos haga saber cualquier criterio de corrección que desee que tengamos en cuenta. Por norma general, los extranjerismos pueden sustituirse por términos españoles, pero en caso de que se prefiera el vocablo foráneo este deberá ir en cursiva. Si el autor opta por no adaptarla al castellano ni por cambiarle el formato, nos lo debe comunicar. Si no quiere que señalemos en la leyenda las faltas de ortografía o las tildes, también nos lo debe hacer saber. Si prefiere escribir las cifras con números y no con letras, pues tres cuartos de lo mismo. Se trata de pulir el texto para que el resultado sea lo más acorde a las preferencias del autor.

El tercer paso es la corrección del texto por parte del equipo de Palabras a medidas. Compartimos el documento y empezamos a trabajar sobre este. Aquí, uno de nosotros suele hacer una primera corrección en profundidad. Para que el proceso no se dilate en el tiempo, también tenemos un modo de comunicación interno. A través de diversos colores vamos marcando las dudas de sentido (que nos las deberá aclarar el autor, ya que suelen producirse por el diferente orden de los elementos dentro de la oración), el número de las páginas ya revisadas y nuestras dudas producidas por el texto que, suelen ser, principalmente, posibles soluciones a un enredo idiomático, alguna frase que no se entienda bien o los criterios tan volátiles en cuanto a las comas.

Acto seguido, entra en escena la segunda mirada, porque cuatro ojos siempre ven más que dos. En esta segunda lectura en profundidad, se corrige sobre lo ya revisado con el objetivo de que no se cuele ninguna errata. Si advertimos algún fallo que se haya pasado por alto, se marca en un color previamente acordado para que el primer corrector se percate del mismo, aprenda de este y ponga especial cuidado para futuras correcciones. Otros objetivos del segundo corrector serán trabajar especialmente las redundancias, las repeticiones de palabras, la proposición de sugerencias, la resolución de dudas, verificar los espacios entre las palabras y unificar los criterios tipográficos.

Una vez que el texto ha sido corregido por dos miradas y cuatro manos, se procede a la tercera lectura y revisión final.  A partir de aquí ya se comparte el documento y la leyenda de corrección con el cliente. Una plataforma que resulta muy idónea para ello es Google Drive, pues el sistema de comentarios permite aclarar mediante notas cualquier duda que pueda surgir sobre la corrección. Por nuestra parte, normalmente incidimos en cuestiones de sentido y el autor suele comentarnos algunas vacilaciones sobre los signos de puntuación, aclaraciones de palabras que sugerimos por ser más específicas y concretas o todo aquello que crea y vea pertinente.

¿Cuánto tiempo se demora esta puesta a punto del texto? El que sea necesario, aunque no suele ir más allá de una semana o de diez días (todo depende de la extensión del texto y de la disponibilidad de ambas partes).

Una vez que desaparecen las dudas y los comentarios en Google Drive, el texto está visto para sentencia. Está corregido y bien pulido. Cuenta con tres revisiones en profundidad y las variadas y puntuales lecturas tanto del autor como de Palabras a medida. Al fin, el texto puede publicarse con la certeza y la seguridad de que se ha reducido al mínimo el posible fallo e incluso de que se ha eliminado el aleatorio error.

Es el momento de que el autor recoja los frutos por el inmenso trabajo realizado, de que respire tranquilo, de que se sienta orgulloso, de que disfrute de todo lo que tenga que venir y de que no se olvide de tomarse un refrigerio para celebrarlo con los amigos y familiares.

Es hora de que el texto brille por sí solo.

¿Qué te parece el proceso de corrección de un texto?