Como tampoco ser gay es lo mismo que sir Gay o Serguéi

En primer lugar deshagamos un posible malentendido. La palabra homosexual no es sinónimo de gay. Dicho de otra manera; todos los gais son homosexuales, pero no todos los homosexuales son gais, ya que el término homosexual incluye también a las lesbianas. El equívoco se produce al creer que homo- viene del latín y significa “hombre”.

Gay y homosexual no es lo mismo porque en realidad el homo- viene del adjetivo griego de tres terminaciones omoios-a-on que significa “igual, semejante”. Aparece en palabras como homonimia “mismo nombre”, homofonía “igual sonido”, homografía “que se escribe igual”,  homogéneo “de la misma naturaleza” y algunas más. En cuestión de amores, los griegos nos abastecieron con un montón de palabras; erotismo, amor platónico, amor filial, amor griego, homofilia, homofobia, filantropía, misoginia, pederastia, lesbianismo y un largo etcétera.

Gay no se halla incluida en el acervo griego. Gay viene del  latín gaudium del verbo gaudere que significa, “gozar, alegrarse, pasárselo bien”. Acordaos del himno de la universidad, Gaudeamus igitur, iuvenes dum sumus…, “Gocemos, pues, mientras seamos jóvenes” toda una invitación a pasárselo bien en la juventud, porque después viene la molesta vejez y la señora de negro con su guadaña a poner fin al cachondeo.

El DRAE, tan timorato y contenido, define gay como: “Hombre homosexual”, pero nada dice de su procedencia. No señala que es un término introducido por la comunidad homosexual de San Francisco (California, Estados Unidos) a partir de 1970, en pleno hippismo, usado con sentido positivo y eufemístico de “chico alegre” para contraponerlo al neologismo “homosexual” que en inglés tenía connotaciones muy negativas relacionadas con una patología o tara.

Para los homosexuales de San Francisco llamarse “alegres” o “chicos de vida alegre”, significaba salir del armario a tiempo completo a la vez que, con la reivindicación de la juerga y la jarana, daban una bofetada sin manos a una sociedad encorsetada y tarada, llena de complejos y represiones. De ahí el colorido de su bandera en oposición a la seriedad y la negrura. Frente a la circunspección, la gravedad, la hipocresía de la doble moral, opusieron el descoque, el desmelene, el despiporre, el petardeo y el glamour. Frente a la Fiesta Nacional, con su himno y su bandera, instituyeron el día del Orgullo Gay. Con un par y ¡hala! A lucir palmito por todas las aceras del mundo occidental.

Parece ser que gay en el sentido de homosexual fue popularizado en la película Bringing up Baby,  La fiera de mi niña en 1939 por el magnífico actor, Cary Grant, un homosexual dentro de un inmenso armario fabricado por cinco esposas y una hija, además de ser un acérrimo defensor y divulgador del LSD en el mundillo de Hollywood, dicho esto último sin ningún sentido peyorativo. En aquella época el descubrimiento de Hoffman no tenía la mala prensa de ahora. ¡Los tiempos cambian!

¿Cómo se da el paso del gaudium latino a la comunidad gay de San Francisco? Porque, como veis, gay no es un vocablo inglés. Es un vocablo, gai de origen occitano o lengua de oc (occitan, lenga d’òc) que es una lengua romance de Europa, hablada por unos dos millones de personas, casi todas ellas en el sur de la actual Francia (al sur del río Loira), así como en Italia en los Valles Occitanos de los Alpes Piamonteses y en España en el Valle de Arán, en el Pirineo leridano.

Gai fue un vocablo que se generalizó en la poesía trovadoresca provenzal entre los siglos XII y XIV con el nombre de gaya ciencia o gaya doctrina. En ella el trovador le dedicaba abundantes florilegios y floripondios a la amada con el fin de obtener sus favores, distinguiéndose el amor puro del amor loco.

Mi amado Nietzsche escribió La gaya ciencia (no tiene nada que ver con los nones que le dio su admirada Lou Andreas Salomé) y Antonio Machado en el poema Meditaciones rurales habla de sí mismo como “…ayer maestro de gay-saber/ aprendiz de ruiseñor…”.

En francés tenemos el sustantivo gaîté “alegría” y las expresiones: gai comme un pinson “más contento que unas pascuas” y être un peu gai, que no significa “ser un poco mariquita” sino estar un poco alegre. No hay que confundir la gimnasia con la magnesia ni tampoco “ser de la acera de enfrente” con “estar en la acera de enfrente”.

Un gran abrazo a todos los gais, homosexuales, mariquitas, maricones, modositos o como quieran llamarse, incluido, por supuesto, mi amigo Serguéi que es gay y va camino, con esa pluma tan elegante que saca cuando quiere, de obtener el título de sir Gay.

Por cierto, ¿podrías calcular los sinónimos de homosexual que sabes?

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