¿Son contingentes o permanentes los pimpollos reventones? ¿Tienen un principio y un final o viven en un mundo suprasensible protegidos de toda contingencia? Las palabras, cuando se usan, viven y, si no se utilizan, van a parar al mundo platónico del diccionario donde duermen el sueño de los justos hasta el final de los tiempos… O no. Es posible que alguien las resucite, las ponga en circulación y de este modo vuelvan pletóricas al mundo terrenal, que es lo que hace José Luis Cuerda en Amanece que no es poco con tantas palabras en desuso.

Pimpollo reventón y contingencia figuran entre ellas. Ya vimos anteriormente una palabra tan señera como  pintiparado en un bonito artículo cuyo título era: El origen de la palabra pintiparado y el libre albedrío.

Vamos a ver ahora qué nos depara el sintagma pimpollo reventón. Centrémonos en el sustantivo pimpollo, que el significado de un adjetivo tan rotundo como reventón vendrá por añadidura.

Parece como si se nos llenara la boca al pronunciar pimpollo. Cosa comprensible, pues las dos p y la m que las entremedia y acompaña tienen en común que las pronunciamos con los labios. Son bilabiales, lo que hace que la palabra se nos quede enredada entre los labios como si fuera un beso sostenido o como si sostuviéramos una rosa a punto de abrirse.

Pimpollo tiene pompa y pámpano y, si mucho me apuráis, es un sonido tan poderoso como archipámpano, ya sea archipámpano de las Indias o de Sevilla, que eran expresiones muy usuales en los siglos XVII y XVIII. Con ello se aludía a una autoridad imaginaria dotada de mucho ringorrango y protocolo. “Esto no lo hago ni que venga el Archipámpano de las Indias a ordenármelo”, se decía. Archi es un prefijo que viene de la palabra griega arché, que significa: “principio, poder” y pámpano es un brote verde o retoño de la vid, que viene del latín pampinus con el mismo significado y que, por supuesto, tiene un fuerte contenido primaveral que es cuando la toda la flora y la fauna del mundo (incluida la de los humanos adolescentes) se pone reventona, es decir, que padece una alta concentración de hormonas sexuales destinadas al gaudeamus igitur iuvenes dum sumus, o sea, “gocemos mientras seamos jóvenes”, como pimpollos reventones. Reventón no deja de ser una ampliación enfática de pimpollo, que por ser sustantivo, concentra todo el intríngulis significativo de la efímera pero intensa juventud. Porque pimpollo, según el DRAE, es una palabra compuesta de pino y pollo.

  1. m. Árbol nuevo, y especialmente el pino.

  2. m. Vástago o tallo nuevo de las plantas.

  3. m. Rosa por abrir.

  4. m. coloq. Niño o joven especialmente guapo, agraciado o bien vestido.

Tanto pino nuevo como pollo tienen el significado básico de lo joven. No hace falta que insistamos, por evidente, en el falismo de un pino enhiesto, entre otras cosas porque la expresión pimpollo reventón abarca felizmente a los dos sexos. Hoy se puede ser un pimpollo reventón masculino con tableta de chocolate abdominal o un pimpollo reventón femenino con todas sus curvas en perfecto estado de revista para componer entre ambos esos anuncios tan frescos y vaporosos de colonias y perfumes con que nos saturan por Navidad.

Quedémonos, pues, en la palabra pollo con que se designaba al jovenzuelo un tanto alocado de los años cuarenta al sesenta, la época gloriosa de Humphrey Bogart, un tipo duro, que hablaba con un cigarrillo en la comisura de los labios y usaba sombrero y traje con el dobladillo de los pantalones hacia afuera. Por aquella época, en España se estilaba que los hombres llevaran la gabardina perfectamente doblada sobre uno de los hombros. Como  mi padre. Aquella época forjó un montón de frase para la posteridad, entre ellas algunas con la palabra pollo como: “Acérquese, pollo” u “Oiga, pollo, usted no sabe con quién está hablando”, un tanto autoritarias con que la gente de orden se dirigía a los jóvenes masculinos que se iniciaban en guateques y escarceos con el sexo contrario. De hecho existía una expresión magnífica: pollo swing con que se designaba al amante del baile frenético y compulsivo.

En España existe la expresión pimpollo de oro alusiva a un joven guapo y en Chile las connotaciones sexuales quedan claramente reflejadas en: pollo al velador que es tener sexo en un motel a la hora del almuerzo (de hecho hay un plato para almorzar que tiene por bonito nombre el de pollo a la cama) y pollo con papa, que alude directamente  a la cópula.

O sea, que la coyunda es propia de los pimpollos reventones desde que el mundo es mundo, porque como sigue el himno goliárdico de la universidad: Post iucundam iuventutem, post molestam senectuten, nos habebit humus. “Después de la alegre juventud y de la molesta senectud, la tierra nos tendrá”. Lo cual quiere decir que, efectivamente, los pimpollos reventones son efímeros, es decir, contingentes.

¿Qué te parece la expresión de los pimpollos reventones en Amanece que no es poco?

 

¿Conocías el origen de la palabra pimpollo?

 

¿Y el sintagma “pimpollo reventón”?

Si te apetece, nos puedes sugerir otras palabras o expresiones en desuso para que las podamos poner de nuevo en circulación.