La transgresión de la ortografía está de moda desde hace muchos años y no solo en los mensajes de textos. Es una estrategia constantemente utilizada por la publicidad para dirigirse a un público juvenil e inconformista.

En la publicidad, la transgresión de la ortografía es una desviación de la norma que tiene por objeto:

1.- Llamar la atención sobre el producto o la Marca.

2.- Aportar unas connotaciones determinadas sobre el producto (rebeldía, inconformismo, modernidad).

3.- Destacar ciertas expresiones por medio de realces de formato como el uso innecesario de mayúsculas.

Esto pretende captar la atención del receptor para que no pase desapercibido el mensaje ante la avalancha de información a la que diariamente estamos expuestos. Por ejemplo, el eslogan de Pepsi que decía:

Pepsimax Alucinarax

 

Otro ejemplo son los cambios en el tamaño de ciertas palabras:

 

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Fotografía tomada de la página bifurcaciones 008 del artículo Dios no lee el Mercurio: Una acción poética de la ironía como revuelta.

Pero su uso no solo se limita a la publicidad, sino que también ha sido empleado en la literatura. Se trata de un modo de llamar la atención sobre la forma que adopta el mensaje.

Estamos acostumbrados a recibir diariamente miles de imágenes y de textos. En la vorágine informativa, se hace necesario emplear algunos recursos para captar la atención del lector y uno de ellos es la transgresión de la ortografía.

Juan Ramón Jiménez escribía siempre con “j” el sonido de “g” fuerte. Así, por ejemplo, escribía jitana* siendo consciente de su error. Era su particular acción de rebeldía para simplificar la norma ortográfica. Tenía su propia ortografía como forma de personalizar sus escritos. Miguel de Unamuno también escribía cojer*, aunque de forma puntual. Juan Ramón incluso se atrevió a simplificar algunos grupos consonánticos como “ns” que pasaba a “s” (trasparencia*) o de “pt” a “t” (setiembre*) y también sustituía la “x” por la “s” (espulsados*).

Sin embargo, García Márquez fue más allá y en un congreso abogó por la supresión de la letra “h”, pues al fin y al cabo se trata de acompasar la escritura a la pronunciación del castellano. Este proceso de simplificación ya lo inició la RAE a principios del siglo XX y, fruto de ello, han surgido los últimos cambios en la acentuación de palabras. No obstante, no se ha conseguido suprimir la “h” de nuestra ortografía, como pretendía García Márquez, a pesar de ser una letra muda.

Juan Ramón Jiménez, en la Universidad de Puerto Rico, explicó así el porqué de su ortografía transgresora:

Se me pide que escriba algo en Universidad sobre mis ideas ortográficas; o mejor dicho, se me pide que esplique por qué escribo yo con jota las palabras en “ge”, “gi”; por qué suprimo las “b”, las “p”, etc., en palabras como “oscuro”, “setiembre”, etc., por qué uso “s” en vez de “x” en palabras como “excelentísimo”, etc.

Primero, por amor a la sencillez, a la simplificación en este caso, por odio a lo inútil. Luego, porque creo que se debe escribir como se habla, y no hablar, en ningún caso, como se escribe. Después, por antipatía a lo pedante. ¿Qué necesidad hay de poner una diéresis en la “u” para escribir “vergüenza”? Nadie dice “excelentísimo” ni “séptima”, ni “transatlántico”, ni “obstáculo”, etc. Antiguamente la esclamación “Oh” se escribía sin “h”, como yo la escribo hoy, y “hombre” también. ¿Ya para qué necesita “hombre” la “h”; ni otra, “hembra”? ¿Le añade algo esa “h” a la mujer o al hombre? Además, en Andalucía la jota se refuerza mucho y yo soy andaluz.

Otro caso que me ha llamado la atención ha sido el de Julio Cortázar en Rayuela donde hay palabras que, empezando con vocal, les añade una “h” de forma sistemática:

«y lo importante de este hejemplo es que el hángulo es terriblemente hagudo, hay que tener la nariz casi hadosada a la tela para que de golpe el montón de rayas sin sentido se convierta en el retrato de Francisco I o en la batalla de Sinigaglia, algo hincalificablemente hasombroso».

“El gran hasunto” o “la encrucijada”. Era suficiente para ponerse a reír y cebar otro mate con más ganas. Escribía, porjemplo: “La hunidad”, escribía Holiveira. “El hego y el hotro”. Usaba las haches como otros la penicilina. Después volvía más despacio al asunto, se sentía mejor. “Lo himportante es no hinflarse”. A partir de esos momentos se sentía capaz de pensar sin que las palabras le jugaran sucio.

Para algunos, el lenguaje literario es de por sí una desviación de la norma. Por ejemplo, para los formalistas rusos, el lenguaje coloquial estaba automatizado en tanto en cuanto cumplía una finalidad concreta: decir exactamente lo que se pretende expresar.

Voy a comprar un kilo de carne.

Sin embargo, el lenguaje literario (o cualquiera que pretenda hacer un uso persuasivo y estético del mismo) implica darle una vuelta a la utilización de las palabras empleadas con la finalidad de resaltar el cómo frente al qué. Es decir, la función poética del lenguaje domina la escritura (literaria, publicitaria o persuasiva) porque lo que importa es la forma que adopta el mensaje.

  • He comprado un vestido negro, es un enunciado 100 % informativo y objetivo donde importa el qué.
  • He comprado un vestido elegante, oscuro como la noche serena para deslumbrar a mis invitados, es un enunciado 100 % subjetivo donde importa más el cómo que el qué, ya que transmite unos valores gracias a la connotación. De esta forma se consigue apelar a los conocimientos y a los saberes compartidos de todo lector, el cual se forma la siguiente imagen:

Vestido elegante y oscuro = a un vestido de gala o de fiesta.

Consejo: Si alguna vez vas a emplear la transgresión de la ortografía, solo puedo decirte que no quepa ninguna duda sobre si estos fallos (desviaciones o incorrecciones) se deben a un posible desconocimiento por tu parte. Transgrede con la ortografía, pero que quede bien claro que estás haciendo un uso consciente de esta técnica para llamar la atención sobre el mensaje.

¿Has utilizado alguna vez esta técnica para llamar la atención?

 

¿Qué otras fórmulas empleas para captar el interés de los lectores?

 

Nos encantará leer tus palabras