¿Solo cuatro reglas? Sí, ni más ni menos. A partir de aquí todo dependerá de la maestría expresiva del escritor, entendiendo por tal a toda aquella persona que escribe, ya sea una obra de ficción, un texto digital o un artículo periodístico.

¿Es posible que un texto pueda construirse en base a cuatro reglas básicas? Sí y así lo ha demostrado la Pragmática, que es una rama de la Lingüística que estudia la relación de los signos (cualquier palabra, enunciado, frase o intento de comunicación es un signo) con quienes los usan.

La Pragmática es muy interesante porque fue de las primeras disciplinas que puso de manifiesto la importancia del contexto en la comunicación.

Imagina la siguiente situación: Un profesor enseña matemáticas a sus alumnos. ¿Dónde?

Automáticamente, por la época en la que estamos nos imaginamos una clase, un instituto o u colegio, quizá una academia. Podemos incluso pensar en las paredes verdosas tan frías (dependerá de cómo era el centro donde estudiaste), en las mesas destartaladas, la pizarra negra (hoy puede que digital), el olor a humanidad si tocaban las mates después de educación física… Podemos recrear el lugar, los compañeros, los olores, las sensaciones y hasta las emociones.

Pero ¿y si te digo que la situación anterior puede darse en un parque, en un ágora griego y que el maestro era Platón y el alumno, Aristóteles? ¿Qué ocurre?

La situación es la misma: un profesor enseña a un alumno, pero hemos viajado a la antigüedad griega y asistimos a un momento histórico. A partir de aquí, todo lo que se piense formará parte de la pura imaginación. No podemos recrear el lugar, ni el ruido, ni los olores, ni la gente, ni la vestimenta. Se carece de un modelo real y que haya sido vivido para poder recrear el contexto, salvo por las imágenes que proporcionan las películas, que a su vez también son imaginaciones más o menos verídicas basadas en la investigación.

Es decir, la experiencia condiciona la recreación del contexto. En Pragmática lo que importa es quién lo dice, cómo lo dice y en qué contexto lo dice, pues la situación afecta tanto en la emisión del discurso como en la recepción e interpretación del mismo.

H. P. Grice estableció el principio de cooperación basándose en la siguiente premisa: lo que decimos a los demás es tanto lo que decimos como lo que no decimos, pero se encuentra implicado en lo que decimos.

“Haga que su contribución a la conversación sea la requerida por el propósito o la dirección del intercambio en el que se halla inmerso”.

Grice aplica este principio a la conversación presuponiendo que existen unas reglas básicas que son aceptadas por todo aquel que participa en cualquier intercambio comunicativo. Pero las máximas que se desprenden de este gran principio pueden extrapolarse a cualquier situación comunicativa o a cualquier texto y más ahora que se crean comunicaciones virtuales en las redes sociales tan reales como las que se producen cara a cara.

Las 4 reglas básicas que debe cumplir todo texto son:

1. De cantidad: que tu contribución sea todo lo informativa que se requiera. No digas ni más ni menos, solo aquello que sea pertinente para asegurar la eficacia comunicativa del mensaje.

2. De cualidad: que sea verdad. Esto es, no decir aquello que sea falso o de lo que no se tenga pruebas.

3. De relación: aquello que se dice tiene que ser relevante y tiene que estar relacionado con aquello de lo que se está hablando.

4. De manera: sé breve, claro y ordenado, pero sobre todo, evita la ambigüedad y la oscuridad del mensaje.

Siguiendo lo expuesto por estas cuatro máximas, mi contribución ha acabado, pues poco más se puede decir al respecto.

¿Qué te parecen estas cuatro máximas?

 

¿Cuál crees que es más importante en los textos digitales?

 

¿Y en la conversación cara a cara o en las redes sociales?