Verba volant, scripta manent

 

Ya lo decía Cayo Tito “las palabras vuelan, lo escrito permanece”. Otro dicho español sería “lo escrito, escrito está y las palabras se las lleva el viento”. No obstante, y esto es un dato curioso que no viene a cuento, antiguamente esta frase latina tenía otro significado: la palabra oral era capaz de moverse y de volar libremente, mientras que la palabra escrita debía quedarse estática, inmóvil y silenciosa sobre la fría página de cualquier libro. ¿Qué pensarían los romanos de la pantalla a través de la cual se leen los blogs y los libros electrónicos? (Pregunta retórica a la que no pienso dar respuesta).

Tener una página web con blog corporativo que funcione como apoyo o tener simplemente una bitácora es un trabajo perpetuo no solo de escritura, sino también de planificación y de diseño. De hecho, puedo afirmar con total seguridad que:

  • El 30 % del tiempo se dedica a la escritura, a la corrección de los artículos y a tareas varias (edición, responder comentarios, correos electrónicos…).

  • El 30% se destina a la planificación, a la promoción y a la gestión.

  • Y el 40 % restante es tiempo dedicado a la imagen y al diseño.

¡Vivimos en la sociedad de la imagen! Es imposible vivir ajeno a este fenómeno y sustraerse a su influjo. El tiempo máximo que un visitante va a permanecer en cualquier página web es inferior a 10 segundos. En estos 10 segundos sabrá si lo que propones le gusta o le disgusta o, mejor dicho, si le entra por los ojos, porque en 10 segundos no hay modo de leer mucho.

¿Qué determina que un lector sobrepase el temido umbral de los 10 segundos?

Desgraciadamente (para una apasionada de la palabra es una auténtica desgracia), la imagen visual de la página manda y ocupa el puesto de protagonista indiscutible en los primeros segundos de toma de decisiones (transcendentales o no, eso no importa ahora).

Sería como un flechazo a primera vista.

Tras estos 10 segundos mortales, habrá que conquistar al visitante y convertirlo en lector. Aquí es donde la palabra toma el impulso y será la que determine si permanece o si vuela por el navegador en busca de mejores propuestas. Es decir, tras el flechazo hay dos opciones al intercambiar las primeras palabras:

1ª: Abrir la boca y, si te he visto, no me acuerdo.

2ª: Abrir la boca, encandilarse y pasar a la primera cita.

Una vez que el éxito de la primera cita ha sido mayúsculo, hay que retenerlo con un contenido de calidad, útil e interesante.

La palabra permanece.

El buen contenido es como el buen vino. Nunca pasa de moda y permanecerá por largo tiempo en la mente del lector. Reflotará de entre las sombras y reportará visitas mensuales gracias a la buena posición que ocupe en los buscadores (posicionamiento SEO) y a las acciones de compartir que de forma altruista hagan los lectores.

Además, el contenido digital guarda una serie ventajas que conviene no desaprovechar:

  • Se puede enlazar constantemente en nuevos artículos (siempre y cuando esté relacionado con la temática de la que se habla).

  • No está sometido a la más estricta novedad, por lo que se puede difundir cada cierto tiempo en las redes sociales.

  • No pierde validez porque siempre se puede reescribir, matizar, corregir o revisar alguna de sus partes (contenido, frases, tono, expresión…).

El diseño se queda obsoleto.

Sin embargo, la presencia digital conlleva un constante renovarse o morir porque el diseño se va quedando obsoleto entre los seis y los doce meses. ¿Por qué ocurre esto?

  • Razones personales: si tú mismo has diseñado la página web (como aquí la servidora) advertirás que los conocimientos y la maestría técnica de los inicios nada tienen que ver con los que vas adquiriendo por la experiencia. Conforme pasa el tiempo, serás capaz de implementar mejoras técnicas.

 

  • En esta fase de progreso, advertirás ciertas necesidades que sabes que, por tus propios medios, no vas a poder con ellas. Ha llegado la hora de llamar a un diseñador que se ajuste a tus requerimientos informáticos, pues entran en juego ciertos factores que poco tienen que ver con la imagen como el lenguaje CSS y la programación. (En este caso, recomiendo el trabajo de Jana Amores de Lovely Lemon, cuyo servicio de personalización a la carta me ha venido como anillo al dedo).

 

  • Tercera fase: respiras tranquilo porque has mejorado el diseño de la web, has contratado servicios externos de programación y estás más que satisfecho con la vista general de la web, pero… (sí, siempre hay algún pero) de repente hay páginas que no cumplen su función o que no están en consonancia con los cambios realizados.

 

  • Cuarta fase: vuelta a empezar y así como un gran círculo vicioso semanal, mensual, semestral o anualmente, porque en la era visual y tecnológica, los cambios y los avances se producen a un ritmo vertiginoso.

 

Dejando a un lado las ansias perfeccionistas, la presencia online conlleva un constante renovarse o morir tanto en el plano del contenido como en el visual. Ahora eso sí, yo prefiero no dejarme llevar por la onda expansiva de la aceleración tecnológica para sopesar y meditar tranquilamente cualquier cambio.

¿Con qué frecuencias realizas mejoras técnicas en la web?

 

¿Estas mejoras suelen centrarse en el contenido o en la parte visual?

 

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