… Por mucho que anden alrededor de un patio, con esos andares patosos y patéticos, como si les costara caminar porque padecieran artritis. El pato es un ave palmípeda de la familia anatidae que se desliza con rapidez, y cierta elegancia, por las aguas de un estanque a la caza y captura de los gusanitos que le echan los niños, pero no puede ser de ninguna manera peripatético, en sentido estricto. (Tampoco lo sería el hombre-rana, que  camina con las aletas, como un pato, por el pretil de una piscina, por mucho que alguien le llame zoón logón, animal racional).

El curioso origen de los vocablos patético y peripatético

Para ser peripatético (lo mismo da pato que hombre-rana) debería hablar griego antiguo del siglo IV antes de Cristo, tener acento macedónico, haber sido discípulo de Platón y maestro de Alejandro Magno (antes de que a este le diera por conocer mundo), fundar, tras largarse con viento fresco de la Academia platónica, una escuela de filosofía en Atenas llamada Liceo, y padecer una dolencia severa en el estómago que le hacía dar clases a sus discípulos de pie, mientras caminaba por el campo o, si hacia mal tiempo, guarecido en un patio porticado. Y sobre todo, llamarse Aristóteles, el primer espíritu realmente científico de la historia. Platón era un idealista que, a la más mínima, se iba por los cerros del Olimpo,en tanto que Aristóteles siempre tuvo los dos pies en la tierra.

Aristóteles fundó lo que se ha venido a llamar escuela peripatética, porque todos sus amplísimos conocimientos los adquirió pensando mientras caminaba y, de la misma manera, los explicó a sus alumnos. Instituyó la filosofía andariega o de andar por el patio, pero no de andar por casa. No es lo mismo, evidentemente. (Rousseau, Kant y Nietzsche fueron también muy amantes de pensar dando largos paseos. Hasta yo mismo, que no soy filósofo aunque me guste mucho la filosofía, soy muy dado a caminar mientras preparo un discurso, un montaje de teatro o memorizo un papel).

Peripatético es, como no podía ser de otro modo, una palabra griega peripateticós, compuesta de un prefijo peri- que significa “alrededor” (periscopio, periferia, periodo, peripecia, periplo, perífrasis, perifollo) y de pateticós que viene del verbo patein que significa “pasearse, andar, deambular” y, por lo tanto, hablar de lo divino y de lo humano con un amigo, mientras se da un agradable paseo por la campiña o junto al mar. Es ese ir y venir sin rumbo fijo, sin prisas, parándose de vez en cuando, (¡qué bonita la expresión pararse a pensar!) lo que promueve que el pensamiento se active y que los argumentos surjan con serenidad, sobre todo cuando se desecha por completo la horrible inclinación humana de querer imponer nuestra verdad al otro. Ya lo dijo Nietzsche, el filósofo que da nombre a un paseo en Niza, ciudad a donde se venía huyendo de la severidad alemana:

“Cuando alguien me dice que tiene la verdad, huyo inmediatamente de él, no sea que me vaya a dar con su verdad en la cabeza”.

Patio viene, pues, de patein, originariamente “lugar por donde se pasea” y no tiene nada que ver con pato, aunque lo parezca. Pato es una palabra árabe, batt que, a su vez la tomó del persa en la época sasánida y que ensordeció en la oclusiva bilabial P.

Bueno, ya tenemos claro por qué los patos no pueden ser peripatéticos. Veamos ahora por qué no pueden se patéticos, en sentido estricto, como tampoco, aunque, os parezca mentira… ¡patético no tiene nada que ver con peripatético! ¡Esto es el colmo!

  • ¡Pero si son igualitas!  diréis-. Si quito el peri- ese del principio, no hay nada que las distinga.

Efectivamente lleváis razón. En apariencia, es decir, a simple vista. La diferencia está en lo que no se ve, o sea, en el origen. Como siempre. Se ve el árbol con sus hojas y sus frutos, pero no se ven las raíces, etimós (de ahí etimología) que permanecen ocultas bajo tierra.

Y lo que oculta patético es que su raíz viene del verbo griego pazein (pasjo). De ahí viene paciente, paciencia, padecer, pasivo, pasión, (a través del latín oficiando de intermediario entre el griego y el castellano) y patología, antipatía, simpatía, empatía, patógeno… y, por supuesto, patético o patética, como por ejemplo  la Sinfonía Patética de Tchaikovsky quien, al titularla así, da en la clave del significado básico de pazein que es “sentir, experimentar emociones”. Si los sentimientos son positivos y agradables, tendremos placer. Si son negativos, sufriremos dolor. Pazein engloba a ambos. Cuando decimos que el placer es la ausencia de dolor, estamos estableciendo esa unión originaria del verbo griego.

El pato siente y padece, pero no tiene pasión ni odio, sentimientos humanos que es a lo que alude el verbo griego. El pato nos puede parecer patético, pero no es en modo alguno patético, porque no tiene conciencia de sí mismo. Aristóteles, el filósofo peripatético, hablaba de que había tres almas; el alma vegetativa, propia de las plantas (comer, crecer, reproducirse), el alma sensitiva de los animales (conocimiento a través de las sensaciones, el deseo y la facultad motora) y el alma racional «aquello por lo que vivimos, sentimos y entendemos».

De lo cual se deduce que el hombre es el único ser peripatético de la creación, que puede dar un paseo caminando como un pato, hablando de amor y resultar patético.

¿Te gusta dar paseos peripatéticos?