“Una palabra tuya, si la dices bien, con sentido y sentimiento, bastará para enamorarme”, diría en los tiempos románticos la dama, arrimando sus dulces pabellones auriculares, engalanados con preciosos pendientes, a su enamorado quien, tras la celosía, haría desprender de su boca, virilmente adornada con bigote, perilla o barba, hermosas palabras de amor.

(En los tiempos actuales la palabra ha perdido bastante terreno ante la imagen, si bien resiste como puede refugiándose en la literatura, en el discurso o en el placer de una conversación agradable y distendida).

A estas alturas del primer párrafo, no sé si pedir perdón por la cantidad de cursilerías o cursilemas que he escrito en tan poco espacio, o irme directamente a explicar el porqué de la juntura íntima entre estas tres palabras; bigote, palabra, pendiente que constituyen una verdadero menage à trois, si nos ponemos finos y franceses. El orden es importante, pues la palabra palabra deberá quedar siempre en medio, a modo de potente elemento de unión entre bigote y pendiente, metonimias que tienen como elemento común, precisamente, la palabra.

Bigote, metonimia de boca, órgano emisor de palabras y pendiente, metonimia de oído, órgano receptor de palabras.

La antropología nos vine a decir que el varón marca con un bigote la boca, órgano emisor de la palabra, como elemento de seducción de la hembra quien, a su vez, marca con el pendiente el oído, órgano receptor por donde desea ser seducida. (No olvidemos que hace relativamente poco hemos adoptado del inglés la palabra audiencia para referirnos al público en general. Cualquiera que hable en público debe cautivarlo, seducirlo a través del oído).

El bigote y el pendiente cumplirían no solo la función de ornato, sino también la de reforzar la boca y el oído en tanto que órganos constituyentes de la seducción que se ejerce a través de la palabra. Dicho de otro modo:

La palabra deja de ser elemento de información (denotación) para convertirse eminentemente en palabra erótica, palabra de amor, cargándose de múltiples connotaciones. A tanto se puede llegar en cuanto a la carga connotativa en el infinito dominio de la seducción, que palabras, que no tienen ningún significado amoroso y/o erótico explícito, pueden adquirirlo con una rapidez inaudita. El chiste y la poesía son ejemplos máximos. Incluso es posible que haya palabras absolutamente inocuas para el resto de la humanidad y que, sin embargo, surtan un efecto sicalíptico en una pareja de amantes que las establezcan como un código secreto.

Bigote es una palabra de origen normando enraizada en la imprecación y la blasfemia como atributos de la virilidad, ¡Bi Got! ¡Bei Gott! ¡Por Dios! que pronunciaban muy serios y machos los nobles flamencos que acompañaron al emperador Carlos Habsburgo a tomar posesión de sus reinos hispánicos. Era costumbre que lanzaran esta imprecación mientras se atusaban sus enormes mostachos, que es una palabra de origen griego que significa “labio superior”.

Es, pues, bastante lógica la asociación de la virilidad y la palabra blasfema, que emana de la boca adornada con semejante aditamento piloso, emblema de hombría en sociedades machistas. “En algunos países fue obligatorio, para los soldados, dejar crecer el bigote. El ejército británico, por ejemplo, prohibió el rasurado del labio superior, en todos los grados, desde el siglo XIX hasta que el reglamento fue abolido mediante una Orden del ejército de 6 de octubre de 1916”, señala la Wikipedia.

Se lanzan juramentos, imprecaciones y blasfemias por el mismo órgano, la boca, que emite palabras dulces y amorosas para seducir a la mujer.

Porque palabra, en sentido estricto, es algo que se lanza al aire, como una piedra que tiene un ascenso y un descenso describiendo, por tanto, una curva o parábola que también es un cuento que, a manera de rodeo o curva, sirve para transmitir algo distinto de la propia parábola. El DRAE registra estas dos acepciones entre las que, por supuesto, hay una relación de contigüidad.

  1. f. Narración de un suceso fingido, de que se deduce, por comparación o semejanza, una verdad importante o una enseñanza moral.

  2. f. Geom. Lugar geométrico de los puntos del plano equidistantes de una recta y de un punto fijos, que resulta de cortar un cono circular recto por un plano paralelo a una generatriz.

Palabra viene de parábola y esta del vocablo griego parabolé, compuesto de la preposición para- y del verbo bolé  que significa “lanzar, disparar”. Bolo, de jugar a los bolos, es un helenismo puro, balón, más de lo mismo, balística igual y diablo, también, diabolos.

De esta manera podemos cerrar el círculo amoroso de la palabra que, saliendo de la boca del varón describe una bella parábola hasta caer, suave como un pluma, en el oído de la dama y allí fermenta en dulce veneno, capaz de derribar los altos muros de la vergüenza y el pudor para que al fin se produzca la ansiada entrega…

… En tanto que de rosa y azucena

Se muestra la color en vuestro gesto

Y que vuestro mirar ardiente y honesto

Enciende al corazón y lo refrena…

Garcilaso de la Vega, Soneto XXIII

Nota última:

Según parece, la letra P de palabra viene del protosinaítico (protosemítico) Phe que significa boca. ¡Qué casualidad!

¿Qué te parece el círculo trazado de palabras y de parábolas?

 

Si te gustaría descubrir el origen de alguna palabra, nos encantará cerrar el círculo