Hace unas semanas realizamos un trabajo de investigación. ¡Qué digo! Fue el Gran Señor Trabajo de Investigación: un ensayo de más de 5500 palabras sobre el Barroco en la Historia del Arte. El proceso fue corto, exigencia de fechas, pero muy intenso en cuanto a investigación y a redacción se refiere. Paralelamente, también estaba buscando un fragmento que aparecía en un libro de mi época de estudiante. En la búsqueda del texto fantasma, abrí todos los manuales de la estantería, acudí a los dos autores que lo podrían haber escrito, hice un llamamiento en algunas redes sociales por si alguien lo conocía y una persona me preguntó si me acordaba del nombre del autor o de la obra. Tuve que reconocer que no. Me dio una respuesta con la que no puedo estar más de acuerdo:

Investigar es divertido.

Esta frase se me ha quedado grabada, porque efectivamente es una actividad muy divertida.

En la búsqueda del fragmento perdido encontré información para escribir varios artículos más y, sobre todo, temas para investigar en profundidad. De esa manera, me enteré de que en la Edad Media, Santo Tomás de Aquino, entre otros, utilizaba la escritura sin espacios entre palabras para hacer anotaciones personales sobre sus textos o para explicar sus teorías (quizá de aquí venga la expresión de leer entrelíneas).

Hacía años que no investigaba al nivel de exigencia requerido por el ensayo, pero advertí que forma parte de mi rutina diaria. Interioricé el sistema de exploración en la facultad y, tras los años, lo he ido mejorando.

Terminé la carrera con la sensación de no haber aprendido nada en cuatro años de clases magistrales con la reciente incorporación del método de Bolonia. Una mezcla donde ni profesores, ni alumnos teníamos muy claro qué hacer ni cómo plantear los años de formación. Pero entre clase y clase, entre cafetería y cafés y entre biblioteca y libros, la carrera me enseñó una gran lección: Hablar de cualquier asunto sin conocer el tema a fondo.

No te eches las manos a la cabeza, que ahora vienen las matizaciones a la frase anterior.

Aparte de las asignaturas relacionadas con el periodismo, teníamos que cursar materias de otras especialidades como Derecho Constitucional, Fotografía, Fotoperiodismo, Geopolítica del mundo, Sociología, Psicología, Literatura, Publicidad, Relaciones Públicas, Economía y un largo etcétera.

Para aprobar estas asignaturas era obligatorio presentar trabajos de investigación. Si en Derecho Constitucional tenía que exponer un ensayo sobre la consideración del suicidio a lo largo de la historia (desde la época primitiva hasta las diferentes sociedades actuales), allá que iba a encerrarme en la biblioteca de Derecho para investigar y recopilar la información que hiciera falta.

Si había que entregar un reportaje de investigación y el tema elegido era el del cementerio nuclear, allá que cogía el autobús y me presentaba en Córdoba a hablar con los afectados y con los entendidos del tema, ya que por teléfono preferían no hacerlo. Una vez que constataban que era estudiante de periodismo, daban hasta información considerada confidencial.

La carrera me enseñó a perder el miedo a hablar sobre temas que a priori no entraban dentro de mi campo de especialización. Solo hacía falta dominar un aspecto para que el trabajo diera buenos frutos:

Asimilar el léxico propio de la disciplina.

Cuando se habla de Arte hay una serie de palabras específicas que se circunscriben a ese campo del saber, al igual que cuando se habla de Sociología, de Derecho, de Lingüística, de Literatura o de redes sociales.

¿Cuáles son los pasos necesarios para llevar a cabo una investigación?

  1. Hacer una búsqueda general de materiales bibliográficos a los que acudir.

  2. Ojear por encima el material seleccionado.

  3. Hacer una criba y quedarse solo con lo necesario.

  4. Buscar a un especialista en el tema, que te asesore y te guie hacia nuevas líneas de investigación.

  5. Entrar de lleno en la información específica.

  6. Y desde aquí, ir tirando de los hilos porque, en cualquier momento, se puede encontrar un buen filón.

  7. Ir formulando y reformulando constantemente la pregunta básica a la que se pretende dar respuesta.

¿Cuáles son los errores que no deben cometerse en una investigación?

 

  1. Hacer acopio de todo el material.

  2. No tomar notas durante el proceso de búsqueda: páginas de internet, libros, personas, artículos de revista… Aunque al principio puedan parecer nimios, hay que llevar al día la hoja de registro.

  3. No acudir a una fuente especializada en la materia.

  4. Quedarse en lo superfluo y no profundizar.

  5. No asimilar el léxico propio de la disciplina.

  6. No volver sobre los pasos. En ocasiones, cuando se investiga, habrá que echar la vista atrás con el objeto de avanzar.

  7. No parar de investigar. Hay que poner límites.

Investigar es divertido porque se trata de descubrir algo. Procede del término latino, investigare, que significaba: rastrear, buscar con cuidado, investigar.

La investigación es un rastreo de huellas y de signos tal y como puede hacer cualquier detective privado, como Sherlock Holmes. Hay que buscar con cuidado porque al mínimo despiste puede pasarse por alto algún detalle vital para la investigación. Por eso, es una búsqueda sistemática que pone en marcha una serie de estrategias que proporcionan un mayor conocimiento sobre un determinado tema.

Una investigación es un proceso sistemático, organizado y objetivo, en el cual habrá que exponer bien las preguntas y las hipótesis, que a lo largo del estudio tendrán que reformularse.

Mi conclusión es que investigar es divertido porque:

 

  • Se trata de un proceso reflexivo y crítico.

  • Pones a prueba tus límites y exploras todas las posibilidades que existen.

  • Es una fuente inagotable de saber.

  • Facilita la creación frente a la producción.

  • Aumenta la inspiración y la creatividad.

  • Porque te sientes como un detective privado en busca de un tesoro.

 

¿Me ayudas  en la búsqueda del fragmento fantasma?

La pista es:

 

Setratadeunaobraliterariaescritasinespaciosentrelaspalabras.

Quedan descartados los siguientes libros:

Rayuela de Cortázar y Patas arriba la escuela del mundo al revés de Eduardo Galeano.