Quevedo en andaluz

 

A Quevedo lo tengo puesto yo en un altar. Tanto que, cuando en Osuna me dio por hacer un montaje para la Colegiata, no dudé en elegir sus versos que disciplinadamente empezaron a aprenderse de memoria mis alumnos. Entre ellos no podían faltar los catorce versos del soneto Amor constante más allá de la muerte. Uno de los mejores poemas de amor que he leído nunca. Lo cual es aparentemente contradictorio con la personalidad de Quevedo. Parece que  fue un misógino recalcitrante. Algunos dicen que su misoginia venía de ser cojo, miope y bastante feo, lo que explicaría un cierto complejo de inferioridad frente a la mujer sublimado a través de la crítica despiadada hacia ella. Otros afirman que su misoginia no era algo personal, sino fruto de la moda de aquel tiempo donde la sátira de la mujer era el pan nuestro de cada día.

Para Dámaso Alonso, toda una autoridad por poeta, profesor y director que fue de la Real Academia de la Lengua Española, es el mejor soneto de amor en lengua española.

Pero no hace falta que me refugie en una autoridad tan “autorizada”. Es uno de los mejores poemas que he leído en mi vida sin ninguna duda. Ni Lope ni su enemigo mortal, Góngora, llegan en mi opinión a acercársele. Son las tres cimas de la poesía barroca.

No recuerdo exactamente cuándo me dio por aprenderlo, pero sé que me acompaña desde hace muchos años. Siempre ha estado ahí, latente, en lo más profundo de mi memoria. De vez en cuando lo sacaba a la superficie intentando recordar sus versos sin necesidad de acudir a la lectura. (Lo mismo me ha pasado con el célebre soneto En tanto que de rosa y azucena del gran Garcilaso de la Vega). Casi nunca lo conseguía del todo, pero bastaba una lectura rápida para que en seguida, al primer intento, surgieran con asombrosa facilidad cada uno de sus espléndidos versos.

La poesía tiene mucho que ver con el paso. (Ahí está la métrica griega con sus pies o Manrique con su estrofa de pie quebrado). No es por tanto extraño que fuera precisamente en un paseo cuando se me ocurriera probar cómo sonaría el soneto de Quevedo en andaluz. En este vídeo podéis comprobar el resultado. Os puedo asegurar que fue una gran sorpresa para mí. Una sorpresa muy agradable. Acostumbrado a recitarlo en acento neutro castellano, la musicalidad andaluza surgía con una naturalidad pasmosa. Aquí tenéis el resultado. Espero que os guste.

 

Es para mí un honor abrir esta nueva sección de VÍDEOPOEMAS: Amor constante más allá de la muerte.

 

¿Qué te ha parecido este vídeopoema de Amor constante más allá de la muerte en andaluz?